martes, 11 de octubre de 2011

FIN DEL COMUNISMO, FIN DEL CAPITALISMO


Por Joaquín Gil Gutiérrez


No pretendo con este artículo dar una clase magistral de economía, entre otras cosas, porque no soy erudito en la materia. Simplemente, es la opinión de un ciudadano que es testigo de los acontecimientos que suceden a lo largo de nuestras vidas.

En el siglo XX, cuando transcurría el año 1989, se produce un acontecimiento que va hacer cambiar el orden mundial. Es el principio del fin del modelo Comunista. Para entendernos todos, de una manera sencilla, sabiendo que influyen otros muchos conceptos, el modelo económico comunista esencialmente se basa en que los medios de producción están en poder del Estado, es decir, de los Poderes Públicos. Este modelo, que teóricamente es garantizador del principio de igualdad de los ciudadanos, adolecía de un grave defecto. A parte del nacimiento de las cooperativas en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, este modelo, no contemplaba el elemento diferenciador de la iniciativa privada de los individuos en el proceso económico, en definitiva, se está sustrayendo al ciudadano esa inquietud emprendedora, que es innata en el ser humano. La consecuencia es el fin de este modelo económico que actualmente sólo se aplica en escasos países con regímenes dictatoriales.

En el lado opuesto se encuentra en modelo económico denominado Capitalismo, que representa las ideas, entre otros economistas, de Adam Smith, que se consolida en Estados Unidos y se va trasladando a un número importante de países. Desde el inicio de este modelo económico, hay que reconocerlo, ha sido capaz de una forma camaleónica adaptarse a los distintos momentos históricos. Esta evolución pasa, al principio, de tener los medios de producción en manos privadas sin participación alguna de los Poderes Públicos a una paulatina y cada vez mayor intervención del Estado en las decisiones en materia económica como elemento garantizador de las desigualdades sociales.

El capitalismo, en sus distintas versiones, liberalismo, neoliberalismo, tiene una máxima, que hasta hace relativamente poco tiempo parecía cumplirse y es que el propio Mercado se autorregula solo, al margen del Estado, con los principios de la ley de oferta y demanda.

Nada más lejos de la realidad. Hemos observado recientemente en Estados Unidos, paradigma del modelo capitalista, y en otros países, los Poderes Públicos, han tenido que rescatar a distintas entidades financieras, inyectándoles fondos públicos para no acabar en la bancarrota y evitar la tensión de los Mercados. Por tanto, la tendencia ha sido que los Estados están ocupando un papel cada vez, más preponderante y esencial para la economía de los países.

A semejanza con el modelo comunista, el capitalismo puro ha muerto, ha iniciado el principio del fin y la tendencia actual es un modelo mixto dependiendo de la tendencia de los gobiernos. Los de corte Social Demócratas, apuestan por más participación de lo público, al contrario de los gobiernos conservadores que se decantan más por lo privado.

No he oído ni leído, me ciño exclusivamente en España, en los medios de comunicación de tendencia conservadora ni una sola reflexión sobre el fin del modelo capitalista, a diferencia de los ríos de tinta que corrieron con la caída del Muro de Berlín y el consiguiente final del modelo económico comunista.

Han preferido, estos medios y el Partido Popular, atribuir la culpa de la crisis económica al PSOE, representado por Zapatero, a reconocer que el modelo capitalista, que tanto les gusta, ha fracasado, se ha producido su defunción y habrá que postularse por su entierro definitivo.

P.D.

Siempre, contando con Esperanza Aguirre y sus secuaces que, como en la Edad Media, están realizando una cruzada, inmoral, indecente, injusta y abyecta, contra lo público sobre todo en la educación y la sanidad, pilares fundamentales de un Estado Español, que tanto esfuerzo nos ha costado conseguir.

Si Franco levantara la cabeza, volvería dulcemente a su tumba, porque ahora con el Partido Popular, todo está atado y bien atado. Terminaremos en los bares, donde se nos suelta un poco la lengua, sin poder hablar de política por si vuelve la Brigada Social.

Es lo que nos espera si no lo evitamos.

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