miércoles, 13 de julio de 2011

SOCIALISMO (I) ANTECEDENTES

Sostiene Pereira

Tenemos noticia, por parte de Herodoto, en su Libro I, que hacia el 594 a.c. y en Atenas, Pisístrato creó un partido del pueblo, que agrupaba a pastores y jornaleros. En frente el Partido de Megacles, defendiendo los intereses de armadores y comerciantes prepotentes (los paralos), en tanto que Licurgo, representaba a otro Partido que agrupaba a los hombres del llano, es decir, los terratenientes. El enfrentamiento entre los tres partidos trajo como resultado las reformas de Solón, al pretender una constitución que ponía fin al tradicional dominio de los eupátridas y que trataba de lograr un término medio, entre las pretensiones de dominio absoluto de la aristocracia y la rebelión del pueblo, que reclamaba poderes políticos y jurídicos que le eran negados.
Sin embargo, fue en Esparta y de manos de Licurgo, donde pasaron a tener un estado de derecho: La Eunomía, un estado de orden público, basado en una constitución que tiene por objeto la integración de todos los ciudadanos, de todos menos de los Ilotas, que eran esclavos productores.
En el siglo II a. de C. encontramos un grupo en Palestina, que desarrolla un socialismo comunitario digno de elogio: Los Eseos o Esenios, llamados en su época los justos, nos da noticia de ellos, el historiador Filón y también Flavio Josefo. Este último consideraba a Caín el fundador de la propiedad privada. Según nos cuenta Filón vivían en Palestina 4000 hombres virtuosos, llamados eseos, no acumulaban oro ni plata, trabajaban para obtener su subsistencia, no querían riquezas, porque pensaban que la falta de necesidades, era su mayor riqueza. No había entre ellos hombres dedicados a la construcción de armas, tampoco tenían esclavos, todos eran libres y trabajaban los unos para los otros. Rechazaban cualquier dominación, no sólo por ser contraria a la igualdad, sino además por suprimir de manera impía una institución de la naturaleza, la cual, lo mismo que de una madre, pare y nutre a todos los hombres como verdaderos hermanos.
En el año 73 a.C, en Roma, sobrevino la insurreción de Espartaco, está es la base de la conjuración de Catilina, en el año 63 a. de C. su adversario Cicerón. Eran dos caracteres opuestos Catilina procedía de la alta nobleza romana, Cicerón era oriundo de provincias. Catilina un soldado, dispuesto siempre a defender las causas de los oprimidos y Cicerón un abogado, dispuesto a moralizar para defender los intereses de las capas más ricas. Se encontraron en el año 63, como candidatos al consulado. Cicerón en su libro titulado los Deberes, nos dice “Los que quieren ser amigos del pueblo y desposeer a los ricos, suprimir las deudas, etc. Quebrantan los cimientos del Estado, porque la tarea de este consiste en defender la propiedad… ¿Cabe atreverse a proponer quitar un bien a un propietario legítimo para dárselo a otro? Por haber hecho semejante proposición, lo cuál aún no se había visto en los anales de la historia, ejecutaron los lacedemonios al rey Agis… ¿Y porque fueron muertos asimismo nuestros Gracos sino a causa de todos esos conflictos y esos repartos de tierras?. Cicerón se refiere a la reforma agraria que llevaron a cabo los hermanos Tiberio y Cayo Graco, que evidentemente les costó la vida. Lo cierto es que Catilina se solidarizaba con los desheredados y oprimidos, y que le amaban las clases populares. El espíritu que animaba a sus seguidores resalta en la carta que su jefe militar, Manlio, dirigió al general romano Marcio: “No pedimos poder ni riqueza, que son fuentes de todas las guerras y de todos los conflictos. Pedimos sencillamente libertad”. Pero la crítica social en Roma empezó algo antes, ya Séneca el Viejo transmite la querella siguiente: “Vosotros los ricos poseéis todas las tierras y llenáis las ciudades y sus alrededores con vuestros palacios suntuosos. Para que puedan disfrutar en invierno el calor del verano o en verano la frescura del invierno vuestras villas, que se extienden en todos los sentidos, y no sufran los cambios de estaciones, vemos ahora cultivadores aislados en regiones habitadas otrora por un pueblo entero, y el poderío de vuestros administradores es más considerable que el de los reyes”. Catilina, es revindicado como un reformador social, como escribe Theodor Heuss.

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