lunes, 18 de julio de 2011

18 de julio de 1936, 75 años después

Javier Gil

No puedo pasar la fecha de hoy, 18 de julio de 2011 -75 años después- sin intentar, al menos realizar una aproximación a la misma, y su significado. Así como explicar lo que representó para nuestra generación -nací en el 1950-, y lo que realmente significaba.
Cuándo en los años cincuenta, pocos años después del 'alzamiento', los niños teníamos una razón, fundamental, para celebrarlo, era festivo, y los asalariados cobraban la paga de verano, que llegó a denominarse: 'paga del 18 de julio'. Nuestra percepción infantil, solo nos aportaba aspectos positivos de la misma. Vacaciones e ingresos extras. En aquella España, gris, pobre, carente de casi todo, en blanco y negro, con situaciones agravante añadidas, como en mí caso, que contraje la poliomielitis en 1953, como decía: la fiesta y además con paga extra, lo eran todo.
Pasados los años, y con mi entrada en la Universidad, poco a poco, la información que recibes se torna en dudas, no siendo el más hábil, pero sin llegar a ser el más torpe, descubres, que la fiesta y la paga, era en realidad una auténtica falacia. Que lo que celebrábamos, realmente y de modo ignorante, año tras años, era la conmemoración de una simple rebelión militar, que saltándose el orden constitucional legítimamente establecido, cambió el destino de todos, simplemente porque los partidos, la política y los masones, no eran del gusto de algunos generales, y la instauración de la República, cinco años antes, nunca les agradó del todo.
Su hazaña, sumió a España en una guerra absurda de tres largos años, que además de destruir, y, en el mejor de los casos, alejar, cualquier asomo de inteligencia y capacidad, dejó reducido el país a un grupo de ciudadanos asustados, sobre todo, y el resto unos cuantos aprovechados, por mor de un grupo de generales, convencidos que tenían el encargo de velar por los demás, y decidir por ellos.
Desde entonces, años 70, la fecha, no me hace ninguna gracia, es más me duele profundamente, pues representa el fracaso más rotundo de un pueblo, dirigiéndose hacia la nada, hacia el vacío, y así lo sigo sintiendo.
De los generales golpistas, prefiero olvidarme, mi menor aprecio es ni siquiera citarlos.
Lo único que lamento, es que 75 años después, no fuéramos capaces de valorar el sistema democrático del que gozamos, y por una razón u otra, intentáramos justificar, lo que sólo realmente fue 'un cuartelazo', que llenó de miseria, tristeza y ruina al país.
Lo anterior hace aconsejable atender al poeta y filósofo: Jorge Agustín Nicolás Ruíz de Santayana, cuando decía: "Quién olvida su historia está condenado a repetirla"

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