jueves, 12 de mayo de 2011

¡Hala Madrid! Cuando pierde...echa la culpa al árbitro


Javier Gil

Este artículo se ha publicado en www.diarioprogresista.es, el pasado 14/5/2011 (Foto tomada de depaginas.es)

No puedo evitar, utilizar este medio, que considero mí periódico, y aprovechar para escribir un artículo sobre el club de mis amores, expresión que, si bien, hoy está en desuso, indica, para mí, con mucha mayor certeza lo que debe ser el amor a un club y ser seguidor del mismo. Los términos; fan, o el más futbolístico de hooligan, son anglicismos, que tampoco representan lo mismo. Ser seguidor de un club, sea de fútbol, o de cualquier actividad, deportiva o cultural, no debería llevar aparejado el fanatismo. Al margen de cómo entendamos el cariño hacia unos colores, lo que sí quiero, es demostrar la decadencia del R. Madrid, en el mandato de Florentino Pérez.

He sido socio desde 1966, hasta 2008, cuarenta y dos años, que creo me legitiman sobradamente, y que sólo se han visto interrumpidos, al darme de baja hace dos años, pues el banco, parece devolvió mi recibo, y ello es causa automática de expulsión. En fin, azares administrativos de orden interno, que con su absurda justicia, anulan de un plumazo, y tiran por tierra, 42 años de puntual y leal pago de mis obligaciones como socio. Pero no es la causa, aunque también, que me hace escribir este artículo, realmente ya no asistía al Bernabéu, por pura comodidad, y de lo único que me han privado es de recibir la insignia de oro, que entrega el club, al cumplir 50 años como socio.

La razón fundamental, es la absoluta, brutal y reiterada campaña que viene sufriendo la letra y el espíritu del himno del equipo, y desde dentro del propio club, en las dos etapas del actual presidente; el Sr. Pérez.

Y lo explico; dice en el 2º párrafo, del himno, para mí, desde siempre, donde se recogen los principios programáticos, del equipo blanco: “Club castizo y generoso, todo nervio y corazón, veteranos y noveles,...”, manifiesto incumplimiento, de noveles nada, solo los más caros jugadores, y el más caro entrenador -por cierto despidió, inopinadamente, al mister que luego hizo, campeona del mundo a nuestra selección- pero noveles ni uno, de la cantera nada, de nada. Sigo, en el 4º párrafo, que dice: “Enemigo en la contienda, cuando pierde dan la mano...”. Pues no, ahora, se echa la culpa al árbitro, da igual, tantas veces como sea necesario. Y prosigo, en el 5º párrafo, recoge: “Los domingos por la tarde, caminando a Chamartín, las mocitas madrileñas,...van alegres y risueñas...”. Pues tampoco, a las mocitas, se las contrata, se las pone un uniforme, eso sí, con dos tallas menos, y a la tienda, y a la oficina, y ni alegres ni risueñas, justo lo contrario, bordes y desagradables, como pocas. Y acabo, al final del himno, como a modo de disposición final, dice: “Noble y bélico adalid, caballero del honor,...”. Esto del final es el mayor incumplimiento, el más manifiesto, el más dañino, de honor nada, el presidente se marcha –como un conejo-, tras perder en Mallorca, y luego vuelve, cuando a él le interesa. Los muchachotes, con buenos trajes y la raya del pelo esculpida, se mueven en un ambiente de tienda tipo yanqui, o en la oficina del mismo yanqui-estilo.

¡Que diferencia con las oficinas históricas del club! incluso poco antes de llegar Florentino. Modernidad, marketing, dinero a espuertas, puede ser. Noble y bélico adalid, caballero del honor, ya no, desde luego que no. Cada vez me recuerda más a aquél Barça, que no ganaba nunca nada y siempre echaba la culpa de sus males al pobre Guruceta o al contubernio del equipo del gobierno.

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