jueves, 14 de abril de 2011

República

Javier Gil

Hoy que se cumplen 80 años de la IIª República Española, parece oportuno realizar una serie de reflexiones sobre lo que significó, la percepción de la misma que actualmente se tiene y su influencia en la España actual.
Hasta la muerte de Franco, en el año 1975, los ideales de la República Española, conformaban todos los que ansiábamos los, entonces, jóvenes antifranquistas; un sistema político con parlamento elegido por los ciudadanos, una constitución donde se consagraran los derechos y libertades y una convivencia en democracia. Todos conocemos los hechos y el resultado de la llamada Transición española, lo que dio lugar a una monarquía parlamentaria, consagrada en la Constitución de 1978.
Desde entonces el valor y el referente del republicanismo, comenzó a perder fuerza, y la mayoría de la izquierda española empezó a sentirse cómoda con la Monarquía, hecho hasta entonces desconocido. Por otra parte monárquicos de toda la vida, empezaban a confesarse, sin pudor alguno, como republicanos, y lo siguen haciendo, demostrando así entiendo su repulsa hacia el monarca, por lo que significó de supuesta traición al régimen de Franco, más que en sus creencias en los anhelos e ideales que consagraba la República, que hoy cumple años.
Así las cosas, y reconociendo que el sistema de gobierno, no significa una garantía de derechos y libertades, al existir repúblicas sin libertades y monarquías que la garantizan sin duda alguna.
Es lo anterior, y no otras razones, la causa de la amplia aceptación social del Monarca español, y las alusiones y apoyos a una posible IIIª República Española, desde mí opinión, carecen de la fuerza necesaria, que sí contaba, sin duda, en 1931.
Sea como fuere, y en la actual situación de crisis -de casi todo- sí quiero reivindicar, desde aquí, algo que no deberíamos olvidar, obviando el sentido de la palabra república como simple forma de estado. Que no es otro, que el espíritu republicano de aquellos años, para muchos causa de todos los males, para mí ejemplo de vida, y comportamiento de muchísimos españoles, que a pesar de la corta y dramática existencia, del sistema político que, con tanta ilusión, apoyaron, prendió la llama para aprovechamiento de generaciones futuras y que hoy, 80 años después, parece oportuno recordarlo.




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