martes, 8 de febrero de 2011

Yemen

Antonio Miguel Carmona


Este artículo se publicó en www.elplural.com, el 7/2/2011


Sobrepasado por los acontecimientos, temeroso de las revueltas, pendiente de las traiciones, Alí Abdalá Saleh ha anunciado, tras 32 años en el poder, que no se presentará a la reelección a la presidencia de la república, ni cederá la dirección del país a su hijo Ahmad. De nada ha servido el despliegue de dólares : la anunciada reducción de impuestos o el incremento del sueldo a los funcionarios.


Yemen significa derecha en árabe. Probablemente porque se situara a la derecha de La Meca, esta república se asienta en el mismo lugar donde hizo de las suyas la Reina de Saba. Los británicos llegaron aquí en 1839 y, cuando lo dejaron, en un alarde de habilidad victoriana, vieron nacer al primer país árabe asistido por la órbita soviética : Yemen del Sur. Tras la reunificación entre el norte y el sur, Yemen se configuró como una república supuestamente democrática que no tardó en caer en las manos de un leal aliado de los Estados Unidos : Alí Abdalá Saleh.

Los Estados Unidos, nación que posee no pocas virtudes, se caracteriza también por su escasa capacidad para elegir aliados inteligentes. Podía ser Yemen un muro de contención del expansionismo islamista, y, sin embargo, posee en su seno no pocas madrigueras de aquellos que interpretan medievalmente el Corán. Para mayor abundamiento Saleh transformó su partido, el Congreso General Popular, en una suerte de finca privada; su hijo, heredero de la jefatura del Estado por mucho que lo niegue ahora el presidente saliente, es –ni más, ni menos-, que el Jefe de la Guardia Republicana, un cuerpo de élite que mantiene a raya al país.

Se juntan, pues, diversas situaciones que convierten al Yemen en un cocktail difícilmente manejable. Un mandatario patoso, un ejército impopular, una nación sembrada de madrigueras fundamentalistas, la mitad de la población en la extrema pobreza y un tercio de sus habitantes con desnutrición crónica. Es uno de los casos en los que la prosperidad y la inteligencia hubiesen convertido a este país en un firme aliado.

Se enciende una mecha en los países árabes que no entienden, siquiera, los expertos más cercanos, Londres y París, antiguos imperios a los que les basta recrearse en glorias pasadas que forman parte tan solo de los libros de historia. Mientras, en Washington, se producen largos paseos por el despacho oval esperando que las brasas se apaguen solas. Todo vacío en política es susceptible de llenarse de mierda. Una situación en los países árabes que nace de situaciones explosivas, torpes mandatarios, metrópolis asustadas y naciones castigadas.

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE

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