martes, 1 de febrero de 2011

Privilegios

Antonio Miguel Carmona


Este artículo ha sido publicado en www.elplural.com, el 31/1/2011


Ningún ciudadano debe tener un derecho más que otro. Ninguna institución se consagra por encima de los derechos del común de los ciudadanos. Ningún derecho está exento de venir ineludiblemente unido a los deberes que conlleva, ni deben los deberes ser mayores en función de la persona que los ejerce.

Los privilegios son de derechas. La izquierda, si así se considera, se caracteriza por una lucha incansable contra los privilegios. Un diputado, por ejemplo, no debe de tener ni un solo derecho más que un ciudadano común. La existencia de un complemento para alcanzar la pensión máxima con el sólo cumplimiento de unos años en el Parlamento sienta las bases de un derecho por encima del común de los mortales; si lo que se pretende, sin embargo, es evitar que determinadas personas que han tenido la más honrosa responsabilidad legislativa puedan tener la dignidad de su función, búsquese un fondo de solidaridad o cualquier instrumento a este respecto, pero no un derecho por encima del resto de los ciudadanos.

Fue principalmente la Revolución Francesa, el movimiento del 14 de julio de 1789, el nacimiento de la fuente mayor de abolición de privilegios en la historia de Europa. Un mes después, se eliminó el feudalismo y se establecieron, el 26 de agosto, los Derechos del Hombre. Todos los ciudadanos en suma tienen los mismos derechos y los mismos deberes : ni la Iglesia, ni la Corona, ni ningún estamento, arraigado en la historia o en el sufragio, poseen unos privilegios superiores a cualquier ciudadano de la república.

La historia de la izquierda está repleta de una incansable lucha contra los privilegios, instituciones que nacen de las diferencias económicas y, a su vez, las alimentan sin remedio. Los privilegios que con mayor abundamiento se producen son aquellos que tratan de evitar que un estamento, clase o simplemente ciudadano, se mantenga en el poder político. Por eso, para evitar la confluencia de intereses y la perpetuación de determinados privilegios, el Gobierno socialista de Felipe González impulsó la Ley 53/1984, del 26 de diciembre, de Incompatibilidades.

La derecha, por su parte, se ha caracterizado, sin embargo, en mantener los privilegios asentados en las instituciones, estructuras que consagran –léase a Burke contra la Revolución Francesa-, situaciones que evitan la ósmosis social de las sociedades modernas. El mayor desatino de los últimos años ha sido la publicación en Italia de la Ley Alfano –anulada por el Tribunal Constitucional-, a partir de la cual Silvio Berlusconi pretendía no ser juzgado en ninguno de los casos. ¿Cabe mayor privilegio que evitar el castigo del delito?
En ese sentido, resulta paradójico que plantee el jefe de la oposición la eliminación de los privilegios de la “clase política” (sic) en España y apoye una serie de propuestas que meses antes había votado en contra. Una vez más la demagogia impera en un partido, el Partido Popular, que forma parte de la derecha social y política de nuestro país, de común la mayor defensora de los privilegios y las diferencias de clase. De la derecha lecciones las justas.

Otra cuestión bien distinta es la retribución de aquellos que dedican las horas a la noble función de legislar. No es de recibo, empero, que un diputado español cobre menos de la mitad que uno británico, que un francés, que un alemán o que un italiano. Ni un privilegio más, pero tampoco la persistente falta de respeto a la dignidad de la política que algunos tratan de verter deseando que aquellos que se dedican voluntariamente a la labor parlamentaria tengan una retribución menor que la del gerente de cualquier pequeña empresa. Ni privilegios, ni demagogia.

No debe existir la “clase” política como tal estamento, porque la única clase a la que aspiramos es la de los trabajadores. No, la política, definitivamente, no es una profesión; porque, si la política es una profesión y el político forma parte de una clase, entonces, la convertimos inexorablemente en una fuente de privilegios.

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE

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