domingo, 9 de enero de 2011

La triste historia de Kris Kobach

Antonio Miguel Carmona



Este artículo ha sido publicado el www.elplural.com el día 08/01/2011

En Estados Unidos viven 48.400.000 españoles, o, si ustedes lo prefieren, de hispanos, una cifra similar, superior incluso, que la de hispanoparlantes que residen en España. ¿Hay algún apellido más norteamericano que Washington? : probablemente no, pero junto a él conviven numerosos Garcías, Chang o Ibrahim, que son tan norteamericanos como el primero.

Sin embargo, media docena de Estados anuncian coordinadamente que establecerán normas lesivas a los inmigrantes parecidas, sino iguales, a la aprobada en Arizona y declarada de dudosa legalidad por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América. Estados tales como Georgia, Mississipi, Nebraska, Oklahoma, Pennsiylvania o Carolina del Sur, ya han preparado leyes para impedir que los hijos de los inmigrantes ilegales -hispanos o no hispanos-, puedan asistir a la escuela pública. Peor aún : en Georgia tienen redactada una norma que resuelve expulsar de manera inmediata de las universidades del Estado a los estudiantes que no estén debidamente documentados ; ya estoy viendo al gobernador, el veterinario George “Sonny” Perdue III, expulsando a un estudiante de microbiología molecular con premio extraordinario pero con la mala suerte de haber nacido en Madagascar.

Es el espíritu norteamericano, el Golden Gate, pero al revés. Un horror : cinco estados se han coordinado para que esta semana puedan establecer las normas que cancelen la concesión de la obtención de la ciudadanía norteamericana automática a los hijos de inmigrantes ilegales. Una medida a todas luces inconstitucional dado que la posibilidad de conceder dicho privilegio sólo reside en la Administración federal.

Al mismo tiempo se condenará a aquellos ciudadanos que ayuden a inmigrantes ilegales, aunque sea cogiéndoles en autostop, así como se sancionará a los empresarios que les contraten. De esta manera, un nuevo federalismo racista contamina de nuevo a los republicanos : Randy Terril, un congresista de Oklahoma, defiende que si el Gobierno federal no es capaz de levantar muros en las fronteras de la Unión, cada Estado reforzará sus propias fronteras.

En una cena con el que fuera presidente del Gobierno de España, José María Aznar –a quien Dios guarde mucho años en la historia sin moverse de ella-, el pasado 12 de diciembre, nos señalaba que él defendió ante Jacques Chirac el viraje pronorteamericano de la política exterior de España durante su mandato espetando al Presidente de la República francesa : -”Querido Jacques –le indicó con esa familiaridad que caracteriza el tuteo secular de la derecha-, ¿qué harías tú si hubiera en los Estados Unidos cincuenta millones de ciudadanos que hablaran francés. Posiblemente lo mismo que yo teniendo en cuenta que hay cincuenta millones de norteamericanos de origen español”.

Con independencia de que Aznar tuviera, a pesar de su comentario de cena de sábado, unas excelentes relaciones con la Administración republicana por motivos bien distintos a la lingüística, bien es cierto que no podemos permanecer impasibles ni como hispanoparlantes ni sobre todo como progresistas. Paradójicamente leo en la Oficina del Censo de los Estados Unidos que por primera vez dos apellidos españoles, García y Rodríguez, se sitúan entre los diez apelativos más abundantes en la Unión, desbancando a los Taylor y a los Moore. Y subiendo, porque entre los treinta apellidos más comunes en los Estados Unidos hay otros cinco españoles : Martínez, Hernández, López, González y Pérez.
Lo cierto es que, pasiones al margen, en este caso me da igual que sean Garcías o Ming o Mohamed : yo estoy entre los que piensan que la única raza es la raza humana, y que, como decía Federico García Lorca en su última entrevista en el diario El Sol, entre un español malo y un chino bueno me quedo con el chino bueno ; en mi caso, además, entre un republicano radical y un cerdo, me quedo sin dudarlo con el cerdo.

Se les tiene que congelar la sonrisa en la cara a aquellos miembros del Partido Popular, con Esperanza Aguirre a la cabeza, que se las creían muy felices por la victoria republicana de las últimas legislativas no hace todavía dos meses. Les recuerdo que la Ley de Arizona establece que cualquier ciudadano puede ser detenido por el mero hecho de llevar en el coche a un inmigrante ilegal, acto que es considerado delito, es decir, que antes de parar a alguien que esté haciendo autostop hay que pedirle los papeles debidamente sellados por las autoridades gubernativas : valiente banda de gilipollas.

El inspirador legal de todo este lío es un jurista de Kansas, político y profesor de Derecho, Kris Kobach, encargado de dar cobertura legal a este tipo de iniciativas. Proyectos que en su propio Estado tiene la oposición de las asociaciones latinas, negras, progresistas y emprendedoras, tales como la nada sospechosa Cámara de Comercio de Kansas. Es la consecuencia de la victoria republicana de noviembre, una victoria que les ha otorgado a los hijos del elefante el mayor número de escaños en las distintas cámaras legislativas de cada uno de los Estados desde hace la friolera de ochenta años. Ésta es el resultado a su vez del populismo de base que ha impregnado al Partido Republicano, fruto de una demagogia parecida a la que instruyó a un gran número de energúmenos en la Italia de los años veinte o la Alemania de los años treinta.

Por cierto, en relación a cómo he empezado este artículo, se me olvidaba comentarles un matiz esclarecedor : según los datos que suministra la Oficina del Censo de los Estados Unidos, el 96% de los que se apellidan Washington son de raza negra. Repito : de raza negra.


Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE

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