jueves, 20 de enero de 2011

El viejo profesor

Antonio Miguel Carmona

Publicado en www.diarioprogresista.es, hoy 20/1/2011, en CARTA DEL DIRECTOR

“El mucho amor a nuestra lengua no nos debe llevar a aborrecer las novedades que con el tiempo se introdujeron en ella para designar con justeza cosas y comportamientos que no gozaban anteriormente de vocablo singular y adecuado. Así ha ocurrido con los que viajan por curiosidad y placer, que llámanse ahora turistas, sin que la consulta de muchas, copiosas y autorizadas fuentes del castizo decir nos haya permitido encontrar palabra en nuestro natural castellano que signifique propia y ajustadamente lo que el nuevo vocablo expresa”

Así comienza don Enrique Tierno Galván aquel bando del tres de febrero de 1982 dedicado al turismo y que, como tantos otros, llenaba de gozo a los ávidos lectores de las paredes, vecinos y viandantes, residentes y turistas, comerciantes, paseantes, madrileños todos, hubieran nacido aquí o no, estuvieran de paso o residiendo, asomados al balcón de la modernidad o enclaustrados en los patios del pasado.

Siete años con Tierno que llenaron Madrid, sobre todo, de un nuevo espíritu que con el tiempo ha logrado desaparecer por sus propios méritos y por la escasa capacidad de liderazgo y de orientación de un Gobierno municipal, el de la derecha, que lleva ya en la villa veintidós largos años que parecen interminables.

La pluma de que fuera catedrático de Derecho Político y primer traductor del Tractatus de Wittgenstein, no firmó únicamente bandos para deleite de muchos, sino reformas que hicieron que Madrid añadiera a su apelativo de villa y Corte, el de concejo de vecinos que participaban en los Plenos municipales de aquel entonces. Es posible que el procesamiento en 1957 del que ya de joven era el viejo profesor o su expulsión de la universidad en 1965 –junto con Agustín García Calvo y José Luis López Aranguren-, hicieran que su talante, aún reservado, fuera suficientemente abierto a lo nuevo y a lo joven : justo lo que Madrid entonces, y ahora, necesita.

Fue el PSOE el que allá por los sesenta le expulsó tras darle curso al expediente de desviacionismo que ahora se ha venido a recordar. Fundador en 1968 del Partido Socialista del Interior, organización que derivó en el Partido Socialista Popular en 1974, Tierno fue un socialista convencido, un progresista comprometido, un profesor admirado.

La unidad de los socialistas allá por 1978, su reincorporación al PSOE, y, sobre todo, su acceso a la alcaldía de Madrid tras la victoria de la izquierda en abril de 1979, la suma de los de entonces, fue la primera ventana en abrirse. No es menester en tan breve espacio hacer un relato de las reformas que se proyectaron, ni de los proyectos que se pusieron en marcha, ni siquiera de los detalles, ni de los bandos. Es cuestión, quizás sea éste el tiempo, en el momento en el que se conmemora los veinticinco años de su muerte, la ocasión para recordar aquel primer aire fresco.

De Enrique Tierno Galván hemos heredado, sobre todo, ese espíritu. Una parte de rebeldía, muchos libros por leer, las ganas por hacer, el placer del deber cumplido, lo colectivo y esa sensación de tener pendiente aún cambiar las cosas : porque todavía quedan por cambiar, de verdad, muchas cosas.

Queda en su recuerdo una bocanada de viento, la nueva cultura, la gente en la calle, el silencio de los siniestros, la movida. Hay razones en la política que nacen del corazón, que se sienten en las caricias y en los alientos. Razones que parten las más veces de las sensaciones y que hacen que la gente sonría, que el tiempo pase como ganándolo, que no quede en la memoria tan solo el recuerdo de lo vivido, sino lo que nos queda por vivir.

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