lunes, 24 de enero de 2011

Azurro

Antonio Miguel Carmona

El presente artículo ha sido publicado en www.elplural.com, el 24/11/2011

Cuando cerramos los ojos vemos la Italia de Botticelli, la de Palmezzano o la de Mantegna. Sin embargo, cuando los abrimos, vemos una Italia en decadencia con un pueblo culto dirigido por un imbécil. Italia es capaz de todo : desde esculpir como Donatello a fintar como Mazzola. Pero es también capaz de no saber quitarse de encima aquel presidente del Gobierno que no parpadea al depravar su intimidad o al ensuciar las instituciones.

Nada podría objetársele a Silvio Berlusconi por el hecho de que deseara prosperar en el mundo empresarial aquel día de 1974 cuando fundó Telemilano. Algunos, incluso, aplaudieron que fuera el principal artífice en la ruptura del monopolio de la RAI. Pero -¡ay de aquellos conservadores que no entienden el mercado (casi todos)!-, cuando a lo largo de los años observamos en los medios de comunicación italianos un grado de concentración sin igual. Berlusconi ha sido capaz de dominar las televisiones y sus audiencias, y, ciertamente, los medios de comunicación escritos tales como Il Giornale o La Reppublica. Desde su presencia en Francia a través de Le Cinq, su proyección exterior, además, no ha sido pequeña. Incluso, como se sabe, juega con otros sectores tales como la venta minorista a través de las tiendas Blackbusters. En fin, una especie de spaguetti Kane salpicado de escándalos empresariales.

Una historia que comenzó relacionándole con la tangentópolis y que, en honor a la verdad, pareció librarse por los pelos. No así, de otros escándalos, sus principales colaboradores: qué sospechoso resulta que casi todos sus próximos hayan sido, acusados y, en no pocos casos, encarcelados por la justicia italiana. El caso de Cesare Pavitti es tan evidente que su presencia entre rejas no ha dejado ninguna duda de que Berlusconi no podía ser ajeno a las prácticas llevadas a cabo en su imperio, así como las relaciones más que dudosas con la Administración italiana que él mismo dirige.

Pero uno puede llenar de mierda su propia casa, sin embargo, cuando desde la Jefatura de Gobierno pretende convertir a su propio país en una fosa séptica, entramos en males mayores que, de no poner freno, acaba en la desolación, la oligarquía y el esperpento.

Lo más escandaloso del mandato de Berlusconi, desde mi punto de vista, fue la Ley 124/08, la denominada ley Alfano -en dudoso honor del que fuera su ministro de Justicia, Angelino Alfano-, que preveía la suspensión de cualquier tipo de procedimiento penal contra el Presidente del Consejo de Ministros, contra el Presidente de la República, contra el Presidente del Congreso y contra el Presidente del Senado : un escándalo. Una Ley heredera de la barbaridad de norma que representó la Ley Maccanico-Schifani de 2003, cuasimafiosa en su articulado, que fue afortunadamente declarada inconstitucional. Esta vez la Ley Alfano, además, obedecía a un problema personal de Berlusconi : su procesamiento por el asunto Mills. Todavía algo se mueve en Italia cuando el 7 de octubre de 2009 el Tribunal Constitucional de Italia declaró inconstitucional la Ley Alfano. Menos mal.

Para la democracia italiana de aquellos polvos vinieron estos lodos. Para Silvio Berlusconi, de aquellos lodos han venido unos polvos que han llenado de frivolidad la imagen de la nación de Pirandello. Si no, por cierto, de presuntas relaciones delictivas con menores que han llenado de escarnio la opinión pública internacional. Vuelvo a cerrar los ojos.

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE

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