miércoles, 1 de diciembre de 2010

El PSC y el futuro de Catalunya

Antonio Miguel Carmona


Este artículo ha sido publicado en www.elplural.com, el día 29/11/2010


Es de madrugada, domingo, amanecerá lunes, y escribo con la sensación de derrota que supone haber perdido el gobierno de Cataluña. La pesadilla que provoca ver de nuevo a la derecha nacionalista gobernando Cataluña –como hace diez años, apoyada puntualmente por la derecha española o por otros grupúsculos nacionalistas-, puede que sea peor que simplemente permanecer despierto.

Dije y mantengo que el futuro de Cataluña es el PSC. Porque el horizonte de la tierra que vio nacer a Dolors Monserdà no puede ser el del nacionalismo (en el fondo) secesionista, ni el españolismo (en el fondo) separador. Por eso el PSC representa en su triple alma invertebrada –catalanista, español y federalista-, el encaje definitivo, la solución más adecuada.

Pero, creo haber dicho bien, su alma ha sido hasta hoy invertebrada; un lugar donde el catalanismo y lo español no se han fusionado en un federalismo práctico, sino que han seguido superpuestos, invertebrados, separados, en el seno del PSC.

¿En qué nos hemos equivocado? Primero, la deriva nacionalista del PSC ha sido un error puntual de los últimos años cuyo coste ha llevado a una caída de Esquerra Republicana de Catalunya hasta un 7% de los votos, desde los 21 escaños a 10 diputados, convirtiéndose en la quinta fuerza política de la región. Estos han sido nuestros socios de gobierno.

Pero también, en segundo lugar, hemos sido responsables de haber hecho prioridad del discurso reivindicativo identitario, por encima de la prosperidad, llegando a una cifra récord de un 18% de votos, por debajo de nuestro suelo alcanzado por Joan Reventós en 1980.

Sigue en pie el sueño de unión de los socialistas catalanes que vino a prometerse en 1974. Convergència Socialista de Catalunya apostó en 1976 por una unificación de todos aquellos que se definían como socialistas en una Cataluña que entraba, junto con el resto de España, en la que se vino en llamar la transición democrática. Por eso, en 1977 la Federación Catalana del PSOE y Convergència Socialista de Catalunya llegaron a un acuerdo por el que presentaron una lista conjunta en las elecciones de junio de 1977. Y, definitivamente, el 16 de julio de 1978 se fundó el Partit dels Socialistes de Catalunya como resultado de aquel histórico Congreso de la Unidad Socialista. Fue el resultado de una suma que se presumía imparable: los catalanistas del Partit Socialista de Catalunya-Congrés -proveniente de Convergència Socialista de Catalunya- y del Partit Socialista de Catalunya-Reagrupament -proveniente de Reagrupament Socialista i Democràtic de Catalunya de Josep Pallach-, y la Federación Catalana del PSOE.

Sin embargo, a lo largo de los años, catalanismo, socialismo y federalismo, lejos de fusionarse han permanecido en relativos compartimentos estancos. A lo largo de los años, digo, se presenta un PSC con una mayoría de dirigentes nacionalistas, militantes mayoritariamente federalistas y votantes mayoritariamente regionalistas (mal llamados españolistas).

El Pacto del Tinell de diciembre de 2003 por el que Pascual Maragall se convertiría enpresident de la Generalitat tras el acuerdo de gobierno del PSC con Esquerra Republicana de Calalunya e Iniciativa per Catalunya Verds, abocaba el partido a posiciones más nacionalistas que, mientras garantizaban una mejor convivencia con los socios de gobierno, le alejaban de las bases federalistas de la militancia y de los votantes. Una convivencia que fue, sin duda, nada fácil: el 11 de mayo de 2006 el president de la Generalitat tuvo que expulsar a los seis consejeros de ERC que formaban parte de su gobierno.

Pero la realidad del PSC es contundente: muy activo en las áreas industriales y en las capitales de provincia, el PSC mantiene las alcaldías de Barcelona, Tarragona, Lleida y Girona, así como las del área metropolitana tales como Hospitalet de Llobregat, Badalona, Cornellá de Llobregat, San Adrián de Besós o Santa Coloma de Gramanet.

No, no apuesto por la vuelta al neocentralismo separador, sin embargo, sé que el nacionalismo desnortado es, aún peor, el camino hacia ninguna parte. La solución para Cataluña es la de ganar aquellos que no son ni separatistas ni separadores, es decir, ese amplio y mayoritario segmento federalista que se siente catalán y español. Y eso sólo es el PSC. Y cuando el PSC deja de ser el PSC, entonces, digo, perdemos las elecciones.

No es buena noticia que los nacionalistas catalanes hayan ampliado de 81 a 86 escaños, sumando a todos aquellos grupos que representan esta tendencia, no sólo a CiU. Artur Mas se convertirá en el nuevo president de la Generalitat y, por bien de todos, habrá de pasar de las musas al teatro.

En 1980 Joan Reventós obtuvo un 22,33% de votos en las elecciones al Parlament. Durante los años ochenta y principios de los noventa Raimon Obiols se mantuvo alrededor del 30% (1984, 1988 y 1992). La crisis del socialismo nacional llevó a que Joaquim Nadal obtuviera en 1995 tan sólo un 24,88% de los votos. Fue Pasqual Maragall el que en 1999 obtuvo un 37,70% de los votos, porcentaje récord para el PSC, mientras que alcanzó en 2003 el 31,16% de los sufragios, porcentaje suficiente como para auparle a ser el 127º president de la Generalitat. En 2006 José Montilla alcanzó tan sólo el 26,81% de los votos, sin embargo, este porcentaje, unido a los escaños obtenidos por ERC y por ICv fue suficiente para mantener el gobierno de Cataluña. Ahora, esta vez, hemos alcanzado nuestro suelo, el 18% de los votos, una cuestión que nos ha de hacer reflexionar.

Es tiempo de abrir un período de reflexión en el que el PSC tiene que reincorporarse a un proyecto global, la posición de razón frente a los separatistas y a los separadores, parte de un proyecto socialista español que coloque a Catalunya en el frontispicio de un nuevo proyecto para los socialistas catalanes y por lo tanto españoles.

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE

No hay comentarios:

Publicar un comentario