martes, 9 de noviembre de 2010

El efecto Mitrídates del pensamiento liberal

Justo Sotelo


El presente artículo ha sido publicado en www.elplural.com, el día 8/11/2010

Mitrídates fue rey del Ponto y murió el año 63 a.de C. En su juventud, para evitar las conspiraciones que se cernían sobre él, se dedicó a estudiar todos los venenos conocidos en su época. Gracias a esa forma de actuar acostumbró progresivamente su cuerpo a tales venenos, ingiriéndolos en pequeñas dosis. Proust se hace eco de este “efecto” en “Sodoma y Gomorra”, la cuarta parte de “En busca del tiempo perdido”.

Por otra parte, sabemos que los derechos humanos pueden clasificarse como de primera generación (son los derechos civiles y políticos), de segunda generación o de solidaridad (son los derechos culturales, económicos y sociales) y de tercera generación (son los derechos a un medio ambiente equilibrado y a la paz mundial).

¿Cómo se enlazan estos dos argumentos?

El pensamiento único, liberal, que domina en el mundo occidental de forma abrumadora desde la década de los ochenta del siglo XX (con la “alianza” conservadora formada por Reagan, Thatcher y Juan Pablo II), se empeña en anestesiar a todos los que no comporten sus argumentos. Y es aquí donde veo su error. El modelo económico imperante se ha convertido en una especie de sabiduría convencional que domina en las empresas, universidades y casi todos los gobiernos influyentes del mundo. Lo que nadie dice es que, en su momento, nació como "Economics" para imitar a la "Fisics" mecánica, sin apercibirse de que la falta de contrastación con la realidad de la primera era algo inconcebible en esta última.

Esta concepción de la vida económica se fundamenta en otras ideas fundamentales: un equilibrio económico a largo plazo, una economía de mercado eficaz y unos agentes económicos que buscan la optimización de sus comportamientos. Es decir, los disparates intelectuales son inmensos.

En el primer caso se considera que el equilibrio es atemporal, y en algún momento los mercados se autorregularán o vaciarán.

En el segundo, se da una de las paradojas más notorias de la tradición liberal, ya que la economía de mercado, con mercados autorregulados, en sustitución de los mercados aislados y regulados, ha sido lo que es gracias a la intervención de los distintos gobiernos, a pesar de que la ideología pasara a defender ese mercado liberal como el resultado de un proceso natural. Cuando lo necesita, el liberalismo utiliza la intervención del estado y critica el “laissez faire”, y a la inversa.

La tercera idea también es clave, pues en ella se sustentan tanto la teoría del consumidor como del productor, fácilmente criticables pues no se ha llevado a cabo ninguna verificación robusta sobre las características psicológicas de la conducta de los consumidores (básicas para la función de consumo), ni de los productores.

La conclusión parece obvia: nos encontramos ante formalizaciones teoréticas cada vez más alejadas de esa realidad que se quiere comprender. En este sentido, ya dijo Mario Bunge que estaba surgiendo una escolástica en economía que contaba con auténticos cruzados de la fe. Y yo añadiría que tal escolástica no tiene en cuenta el verdadero sentido de la economía, sus vertientes social y ética. No se nos puede seguir anestesiando, para que, como Mitrídates, nos inmunicemos ante los "enemigos".

Justo Sotelo es Catedrático de Economía Aplicada

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