viernes, 1 de octubre de 2010

Votamos un modelo de partido

Antonio Miguel Carmona


Publicado en el www.elplural.com el día 28/09/2010

Votamos refrendar la decisión de algunos miembros de la dirección o votamos un modelo de partido sustentado en la democracia y la participación de los militantes y los ciudadanos.

Hay al menos dos orientaciones, tan legítima una como otra, en relación al modelo de partido que debemos tener: aquella que sostienen que las decisiones se toman en los despachos, las ejecutivas como élites, los secretarios generales como efigies bonapartistas, la dedocracia; y aquellos que pensamos que el liderazgo se sustenta en el sufragio de la mayoría, de abajo a arriba, a favor de la participación y el refrendo.

Vivan las caenas
Los partidos donde el secretario general decide por sí solo, en un arrebato de lucidez, los nombres de quienes han de ser los hombres y mujeres que encabecen las listas de la organización, tienden a convertirse en sindicato de cuadros, y, por ende, a sustentarse entre sí con el único fin de permanecer. Es el caso de la cadena de altos cargos fijando posiciones políticas con el fin de orientar a la pobre mesnada de la militancia que dormita en la desinformación y el aburrimiento.

Tienden estas organizaciones a sustentarse en cultivar funcionarios de partido y cuadros de moqueta sin dirección política alguna, nada más que la estimada por una superestructura burocrática caracterizada por la escasez de ideas y la arterioesclerosis, y donde la negativa al líder se presume anatema.

Tan es así que se convierten en lo que en la literatura anglosajona se ha venido en llamar los big-tent parties o catch-all parties, organizaciones recogelotodo, que tratan de satisfacer las demandas de los ciudadanos sin previa escala de valores o programa político; demandas cuya orientación es definida por la encuesta o el método demoscópico como sustitutivo del análisis político y la participación democrática.

En ese sentido los militantes o afiliados son meros comparsas, océanos de nombres de donde un gran director general de recursos humanos, en forma de Gran Hermano, llega a escoger, como mucho, a algunos de ellos para convertirlos en cuadros de moqueta o funcionarios de partido.

Una vieja estructura que ahonda en la distancia de la sociedad con respecto a los partidos: los ciudadanos sucumben en el desánimo y la despolitización. La participación entonces se desenvuelve ajena a los partidos políticos, se huye de la ideología, y se habita en otras organizaciones tales como las ecologistas o las feministas.

Otro modelo de partido
Votar a Tomás Gómez es apostar por un modelo de partido sustentado en la fuerza de los liderazgos como sumatorio de los sufragios que lo sustentan. Es la necesidad de apoyarse en la mayoría para remar más rápido; participar en un proyecto que es de todos, lejos de las direcciones improvisadas y de los trabajos de última hora.

Votar a Tomás Gómez es decir sí a la democracia, convertir a los militantes en sujetos activos, timoneles de su propio futuro y partícipes de un proyecto que es de todos. Incluso, más allá, un partido de clase no es un partido de militantes, sino de todos y cada uno de los trabajadores, pasándose a denominar las sedes y agrupaciones, casas del pueblo.

Votar a Tomás Gómez supone un modelo de partido donde la autonomía, en coherencia con la dirección federal, caracteriza el enriquecimiento de la organización, funcionando celularmente al crear un cuerpo orgánico, lejos de las jerarquías mecánicas desde una dirección centralizada e ineficaz.

Nota al director: todo el vacío del mundo cabe en la oquedad de la cabeza de un tal S.L., harón anónimo que firma en la portada de este estimado periódico un análisis menguado repleto de vaciedades, y cuyo nombre no conocemos para no ampliar el repertorio de los mil nombres del tonto.

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE

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