lunes, 18 de octubre de 2010

Laborismo (II): el taxi vacío

Antonio Miguel Carmona


Este artículo se ha publicado en www.elplural.com, el día 18/10/2010


Se burlaba Winston Churchill del reducido tamaño de su rival en las elecciones del cuarenta y cinco, ministro de Defensa de su propio Gabinete, líder laborista, personaje tan enjuto como inteligente, diciendo aquello de “llegó un taxi vacío y de él salió… Clement Atlee”.


Hay veces que el mantenimiento de una estructura orgánica eficaz y compacta, garantiza en mayor medida los avances electorales, la hegemonía social e incluso el debate y la crítica. Atlee, en el mejor de los sentidos, era un hombre de aparato ; sabía que sin una organización robusta las expectativas de gobierno y la esperanza de cambio social no serían posibles.


Pertenecía a una de las mejores familias de Londres. Aún así se afilió a principios de siglo a una de las organizaciones más izquierdistas de la isla : el Partido Laborista Independiente (ILP). Precisamente el paso de Atlee por el ILP muestra como, mientras él consideraba una necesidad la creación de una organización laborista líder y mayoritaria, muchos de sus compañeros del Independent se perdían en disquisiciones inútiles. Detengámonos en ellos.

El Partido Laborista Independiente (ILP) era una organización socialista nacida como resultado de la huelga de Manningham Mill. En 1906 el ILP, manteniendo sus estructuras, se afilió al Partido Laborista, fundado aquel mismo año. En 1908, Atlee se afilió, con 25 años, al ILP, y, por lo tanto, pasó a formar parte inidrectamente del Partido Laborista.

En el ILP observó que muchos de sus miembros consideraban al Labour como un partido moderadamente reformista (me suena), motivo por el cual unos acabaron escindiéndose y fundando el Partido Socialista Británico y otros el Partido Comunista de la Gran Bretaña ; algunos, como George Orwell (Homenaje a Cataluña), participaron en la Guerra Civil española y se alistaron en el troskismo.

Podemos decir entonces que Atlee provenía del cuerpo orgánico más izquierdista y más desorganizado del laborismo : el ILP. Pero el londinense, sin embargo, no sé dejó llevar por el aventurerismo ideológico, por un dilentantismo disperso, y pensó en ser más útil aportando su valor añadido en una organización más compacta : directamente el Labour Party.
Le sorprendió la I Guerra Mundial habiendo estado en Gallipoli, en Egipto y en Francia, acabando la contienda con el rango de Mayor y el futuro político por delante. A los 37 años fue elegido alcalde de un distrito de Londres. Diputado de los Comunes, participó en el gobierno de Ramsey MacDonald -quien tampoco se caracterizaba por ser un campeón de la organización-, como subsecretario de Defensa y como director general de Correos.

Convencido de la importancia de la organización como núcleo de la transformación, participó en la expulsión de Ramsey MacDonald tras haber éste conformado un gobierno de coalición con liberales y conservadores en 1931. Nos encontramos entonces a un Partido Laborista dividido y desorganizado, sin futuro, sin programa y sin estructura. La expulsión de MacDonald, de muchos diputados y cientos de sus seguidores, llevó a Atlee, tras la figura de George Lansbury, al número dos de un Partido Laborista dividido, escindido y hundido.

No hay tiempo para detenernos, sin embargo, en la figura de George Lansbury, un político pacifista, cristiano y liberal, no en vano provenía del Partido Liberal, enormemente popular entre la militancia laborista y entre los ciudadanos aún hoy en día.

Tras la dimisión de Lansbury, Clement tomó las riendas del partido, encaró las elecciones de 1935 obteniendo una sonora derrota en la Cámara al conseguir tan solo 154 escaños versus los 429 de la coalición ; sin embargo, fueron 8,3 millones de votos frente a 11,7 millones de sufragios : muertos en el Parlamento, vivos en la calle. Lo importante era mantener la organización porque la base social estaba garantizada.

Durante la II Guerra Mundial, Clement Atlee fue ministro de Defensa y vicepresidente en el Gobierno de Winston Churchill. Contra todo pronóstico, aquella persona enjuta, aquel que supo mantener una organización unida calando en cada uno de los distritos y fábricas del Reino Unido, vencía a Winston Churchill en 1945 : es lo que tiene estar organizado.
El Partido Laborista actual debe tener en cuenta que posee una base social abundante, que necesita entonces tan solo organización y proyecto. Organización al fin y al cabo que vertebre una masa social amplia. Por de pronto, el sistema de votación en tres tercios, no parece razonable llegándose, como se ha visto, a resultados sorprendentes.

El gobierno de Atlee, aún de una sola legislatura, vino a imponer en la reconstrucción del Reino Unido, el bienestar, el intervencionismo y el atlantismo. Capaz de crear el National Health Service, inició la universalización de la sanidad en la Gran Bretaña, tomándose como referencia mundial desde entonces como el principal impulsor del Estado del Bienestar ; centralizó la política monetaria al nacionalizar el Banco de Inglaterra ; nacionalizó a su vez la industria del carbón y la siderurgia, la aviación y los ferrocarriles, la electricidad y el gas ; en política exterior fue protagonista de los principales hitos, desde la independencia de la India, la descolonización de Israel y la entrada en la OTAN.

Puede decirse que, si Ramsay MacDonald representaba en la fundación del laborismo el debate como garantía de creación, Clement Atlee garantizaba la organización como núcleo para el desarrollo de reformas ambiciosas. El trabajo minucioso, organizado, el día a día, es garantía de éxito : “llegó un taxi vacío, y de él salió… Clement Atlee”.

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE

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