sábado, 2 de octubre de 2010

Diez razones para votar a Tomás Gómez

Antonio Miguel Carmona

Este artículo ha sido publicado en www.elplural.com el día 01/10/2010

Cuando Pablo Iglesias fue nombrado diputado los parlamentarios de la derecha se reían de él. Aquello que hoy en día nos parece acertado y lógico, se mostraba como exagerado para los conservadores de toda la vida. Su escaso recargamiento en el discurso, la voz más pausada y natural, sin alardes, hacía de él un hombre íntegro, más pendiente del fondo que de lo superficial.

En primer lugar, voy a votar a Tomás Gómez porque, a pesar de que Trinidad Jiménez también me parece una excelente candidata, es el que más posibilidades tiene de ganar a Esperanza Aguirre en las próximas elecciones autonómicas. Así lo dicen casi todas las encuestas, y, a pesar de que hemos rechazado utilizarlas como arma arrojadiza contra nadie, éstas contrastan lo que todos suponíamos.

En segundo lugar, creo que los partidos políticos ya no pueden ser de corte bonapartista. Las direcciones centralizadas son, a pesar de su buena voluntad, máquinas de cometer errores cuando se trata de analizar los problemas y proponer soluciones a distantes escenarios locales.

En tercer lugar, porque refrendando a Tomás Gómez asentamos de una vez y por todas las primarias como sistema de elección donde el conocimiento de lo pequeño por parte del sufragio agrega una decisión política con mayor seguridad para el éxito electoral y el reforzamiento de los liderazgos.

En cuarto lugar, la dignidad de la organización madrileña nos ha hecho pensar que, si nadie es capaz de decirle a Montilla lo que tiene que hacer, o a Patxi que es el candidato de la derecha o a Griñán que abandone, la historia de la Agrupación Socialista de Madrid, la FSM, el actual PSM, tiene la dignidad suficiente como para tomar las decisiones que estatutariamente le competen.

En quinto lugar, porque nuestra riqueza reside en los militantes, quienes no pueden ser meros comparsas de una situación sobrevenida, ciudadanos que además están mejor informados de su entorno que cualquier laboratorio.

En sexto lugar, porque estamos eligiendo al mejor candidato, no un proceso orgánico como han deseado algunos desde hace tiempo, ajenos a la propia Trinidad Jiménez, y de espaldas a los intereses de militantes y ciudadanos.

En séptimo, lugar porque Gómez ha sido capaz de liderar un equipo de trabajo, de casi mil compañeros y compañeras, que ven en él la ventana por donde han podido, como expertos y como políticos, volcar su valor añadido.

En octavo lugar, porque de todo ello nació un proyecto político, un discurso, que como lluvia fina ha ido calando en los ciudadanos. Hay matices y algo más que matices: no podemos ahora cambiar el discurso.

En noveno lugar, porque la victoria de Tomás Gómez es el escenario que más beneficia al Consejo de Ministros, y, por ende, al presidente del Gobierno, cuyo crecimiento fulgurante por parte de Gómez tanto se parece al de el compañero José Luis Rodríguez Zapatero.

En décimo lugar, porque, como ha demostrado Tomás, renunciando a un futuro mucho mejor y más tranquilo, los intereses colectivos están por encima de los intereses individuales. Al menos para los socialistas.

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE

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