jueves, 2 de septiembre de 2010

No tomarás el nombre de Zapatero en vano

Eduardo Sotillos

Este artículo se publicó el diario EL PAÍS Madrid del 1/9/2010

En el marco de una estrategia de indeseadas consecuencias, algunas voces identificadas con el entorno de la candidatura de Trinidad Jiménez a las primarias en la Comunidad de Madrid han puesto en circulación un mensaje tan peligroso como falso: "Una victoria de Tomás Gómez pondría en riesgo al Gobierno y a su presidente". Por si no fuera suficiente, la última ocurrencia es afirmar que "Tomás Gómez es el candidato de la derecha"

¿Todo vale a la hora de intentar conquistar voluntades, cuando fallan otro tipo de presiones? El secretario general del PSM mantiene un comportamiento caracterizado por la lealtad con el proyecto socialista. Ha resistido someterse a los halagos de quienes hubieran estado dispuestos a ovacionarle en cuanto hubieran advertido una debilidad en ese terreno. Gómez es únicamente "culpable" de mantener su compromiso con el partido que lidera en Madrid, anunciado desde hace muchos meses: "Voy a presentarme como candidato a las elecciones de Madrid. Lo haré también si hay primarias". Ninguna sorpresa, ninguna improvisación. También es "culpable" de haber llegado a un pacto con el secretario general del PSOE para que, según palabras del propio Zapatero, "se imponga la democracia" y la decisión final la tomen los militantes. Con esta postura de Zapatero hubiera debido bastar para que la campaña por conquistar el respaldo de los socialistas madrileños produjera un debate de altura sobre las propuestas de ambos candidatos. Lamentablemente, no ha sido así y asistimos al juego de descalificaciones para presentar a Tomás Gómez como un peligro.

Es hora de denunciar esa maniobra. Resulta patético, y deplorable, que quienes dicen "apoyarse en Zapatero" lancen a la opinión pública la idea de que el futuro y la estabilidad del Gobierno puedan estar en riesgo por el resultado de unas primarias. ¿Piensan realmente que los españoles no van a valorar la política socialista, de cuyos logros son partícipes algunos de los ministros que apoyan la opción de Jiménez, y van a decidir su voto en función de quien se enfrente a Esperanza Aguirre? ¿En tan poca estima tienen el trabajo del Gobierno, gestionando una crisis histórica, como para supeditar el resultado electoral de 2012 a las primarias de Madrid?

La inconsistencia ideológica de un argumento basado en unas encuestas, que pueden verse desmentidas por las que hoy se hicieran, no franqueaba otra línea roja que el minusvalorar un trabajo colectivo frente a la hipótesis del milagro basado en el cambio de cara. Un grave error conceptual y de principios, en todo caso. Pero el nuevo paquete argumental traspasa las fronteras de lo tolerable. Lanzar la sombra de la derecha sobre un programa y un trabajo colectivo, con resoluciones aprobadas por unanimidad en los órganos del partido, no supone otra cosa que frivolidad o haber estado ajeno a los debates, ausentes del trabajo efectuado durante tres años. Esta reflexión conduce a otra que se plantean ya muchos ciudadanos y ciudadanas de Madrid: qué distinto y mejor hubiera sido que todo el enorme interés despertado por la candidatura a la presidencia de Madrid se hubiera exteriorizado en este periodo en el que tan difícil resultaba visualizar el trabajo de oposición, constante, al Gobierno de Aguirre.

Bienvenidas sean, pues, las primarias, el menor de los problemas para el Gobierno al que todos los socialistas tenemos el deber de respaldar. Y si se empeñan en presentarlo como un problema, el 3 de octubre quedará meridianamente claro que es un activo para valorar a la fuerza política que apostó por la democracia interna. Ese fue el acuerdo alcanzado en La Moncloa, en un acto de responsabilidad conjunta. Dejemos a Zapatero en paz y no usemos su nombre en vano.

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Eduardo Sotillos es secretario de Comunicación del PSM

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