jueves, 23 de septiembre de 2010

El militante extraterrestre

Antonio Miguel Carmona


“Nuestras misiones son pacíficas, no de conquista, cuando entramos en combate es sólo porque no tenemos otra opción”, señalaba el capitán Kirk en aquella inolvidable película: Star Trek.

Algunos llegaron como no teniendo otra cosa que hacer, contemplaron el trabajo de tres años y se dispusieron a ayudar. Creyeron, como en Star Trek, que los militantes son marcianos que desconocen por completo lo que desean los ciudadanos y, de inmediato, les recomendaron que, como son extraterrestres, pensaran en los peatones.

Ayer lunes el salón de actos de la agrupación de Carabanchel estaba a rebosar. Tomás comenzó pausado a mostrar su empeño y las horas que dedicamos los socialistas a ganar Madrid. Junto a él, decenas de militantes trabajadores, afiliados socialistas, compañeros, se agolpaban en la Casa del Pueblo.

Mientras la voz de Tomás susurraba los oídos de los asistentes tuve el placer de fijarme uno a uno en ellos: las compañeras, los compañeros. Me vino a la cabeza aquellas recomendaciones de algunos miembros de la Ejecutiva Federal que señalan que los militantes, cuando voten, han de escuchar la voz de la calle, la de los ciudadanos, la de los peatones, la de los que trabajan, los que pasean, los que votan.

Entonces, me pregunté, los militantes, ¿qué son?, ¿extraterrestres? Aquella señora que miraba atentamente a Tomás ocultaba su preocupación porque su nieto no encontraba trabajo y no disimulaba su ceño porque la pensión de su marido tuviera que ser congelada ; una chica rubia, de no más de veinte años, asía un cuaderno de notas, estudiante de Económicas que había superado primero no sin dificultades. Llegaba tarde, como pidiendo disculpas, un autónomo que acababa de cerrar su tienda y, tras él, un joven veinteañero entraba tímido a escuchar a su secretario general

Dejaré lo de las encuestas para otro artículo. Esa encuesta (singular) que se esgrime como la voluntad de los ciudadanos y como espada de Damocles frente a otros. Como decía el capitán Kirk al capitán Picard, en esa bella película de marcianos,
Star Trek, “¿quién soy yo para discutir con el capitán del Enterprise?”.

“¿Cuántos altos cargos hay aquí?”, pregunta Tomás a cada sitio donde va. Nadie levanta la mano. Todos son ciudadanos corrientes y molientes. Ellos no sólo saben qué es lo que prefieren los ciudadanos: son ellos mismos ciudadanos. Considerar que los militantes van a tomar una decisión desacertada es, primero llamarles torpes e irresponsables, y, segundo, irreflexivo presumir que todos ellos no son ciudadanos que trabajan, o que no trabajan, que sufren, que no llegan a fin de mes, que seleccionan las compras en el supermercado para ahorrar esta semana un poquito más, que les cuesta llegar todos los días a la universidad.

Los militantes no son extraterrestres. Marciano es aquel que considera extraterrestres a los militantes, como si fueran ministros, secretarios de estado o directores generales al uso. Son gente normal, que estudia, que trabaja, que sufre, ríe y vota. Serán ellos los que decidirán porque los militantes son, ellos por sí mismos, ciudadanos. Como decía, en aquella película de marcianos,
Star Trek, el capitán Picard al almirante Dougherty, “¿quiénes somos nosotros para decidir el futuro de esta gente?”

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE

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