lunes, 20 de septiembre de 2010

El día en que murió Labordeta


Antonio Miguel Carmona
Este artículo ha sido publicado el 20/9/2010 en www.elplural.com
Habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad. Todas las mañanas muere un poeta, pero aquel domingo, ayer, nos dejó para siempre el profesor de enseñanza media que le cantaba a los niños y a los vientos.

Hacía tiempo que no asistía a un encuentro tan emotivo. Como transportado en el tiempo me encontré en el Teatro Buero Vallejo de Alcorcón con mil quinientos compañeros y compañeras cantando el Canto a la Libertad. ¿De quién ha sido la idea?, me preguntaba, ¡qué mas da!, mi cabeza se giró y pude ver un bosque de puños asidos a las notas del poeta de Aragón. A mi izquierda Trini Rollán me miró: “No me lo puedo creer, esto es impresionante”, me dijo.

Habíamos previsto una mañana masiva: cientos de compañeros y compañeras querían formar parte del equipo de Tomás Gómez. De nuevo el partido socialista tomaba la delantera democrática a los conservadores, lección de sufragio, primarias: nada ni nadie decide por nosotros.

Tras las intervenciones de Enrique Cascallana y de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, desgranando sin tapujos los motivos de su apoyo a Tomás, tomó la palabra el que dentro de pocos días será el candidato que desaloje la caspa de la Puerta del Sol.

Tomás ya habla con el corazón, su mirada nos busca, no para apoyarse, sino para verse; nunca en la vida pudo vivir un momento como éste, una avalancha de manos, miles de militantes queriendo decidir. Tomás no se siente el centro de lo que está sucediendo, sino uno más, el amigo al que seguimos: nada ni nadie nos va a parar. Su palabra honda se instala en todos los que le interrumpen de pie. Miro hacia atrás: el teatro abarrotado, el primer anfiteatro, el segundo, en la calle. Me preguntaba lo que tantas veces hemos hablado en su equipo: cómo ordenar este mar de apoyos de militantes de base, con el fin de que, tras las primarias, puedan aportar su valor añadido al triunfo de mayo de 2011.


La voz de Tomás se vuelve grave: “Lo mejor que me ha sucedido en la vida” –dice entre aplausos- “es ser militante del partido socialista”.

Al término nos sorprendemos todos cantando el
Canto a la libertad del poeta de Zaragoza. No podría describirlo. Se nos fue de las manos: cientos de gargantas cantaban a Labordeta. Enfrente Tomás Gómez que había terminado su discurso, con los ojos húmedos y la mirada como buscándonos a todos, asido en el escenario a Juan Carlos Rodríguez Ibarra, a Juan Barranco, a Enrique Cascallana y a Delia Blanco. ¿Qué podían sentir los cinco –me preguntaba- viendo a tantos gritar sin levantar huracanes de miedo ante la libertad?

¿Qué pensará Aguirre? Entre los sones me venía a la cabeza el enfrentamiento de Labordeta con los diputados del Partido Popular que le hizo pasar a la historia del hemiciclo con un sonoro
¡a la mierda!

No he querido en esta primera carta escribir más que con el corazón. Les podría contar que las últimas encuestas colocan a Tomás Gómez como el candidato preferido por los votantes socialistas, podría decirles que nos hemos vuelto sordos ante las acusaciones de derechismo, pero no mudos ante los embelecos; hoy, sin embargo, he preferido comenzar con el corazón. Un corazón puesto en ésta y en aquella candidatura -que en ambas tengo amigos-, porque como decía José Antonio,
haremos el camino en un mismo trazado.

Ayer fue domingo y murió un poeta:
que no amanece por nada. Sólo hay luz cuando todos los socialistas miran a un mismo punto, cantan a un mismo viento. Tomás Gómez ha conseguido que haya primarias en Madrid, ha logrado que miles de militantes hayan salido de sus casas, tantos para avalarle y muchos para votarle, pero sobre todo para ganar y cambiar este Madrid que nos duele. Como decía el poeta aragonés: que sea como un viento que arranque los matojos.

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE


No hay comentarios:

Publicar un comentario