viernes, 13 de agosto de 2010

Tiempo de rebeldía


Yolanda Delgado Batista

Ochenta y un millones de jóvenes desempleados en el mundo, mujeres lapidadas por reivindicar derechos humanos frente a los hombres, cayucos cargados de promesas de futuro varados en la playa, catástrofes medioambientales por los que nadie paga. Algo está fallando. En nuestros hogares los hijos se han convertido en tiranos. El salario cada vez alcanza para menos. Nuestro trabajo día sí, día no, se tambalea en la cuerda floja. Algo no funciona y nos está exigiendo un cambio a gritos. Anestesiados por las derrotas casi seguras, hemos preferido acallar nuestras conciencias, y los problemas que lo arregle el último en llegar. (Menuda herencia le espera a los jóvenes)

A Ortega y Gasset lo hemos tirado por el retrete. Los filósofos de hoy escriben sobre la escuela de House, en la que todo el mundo miente. Hemos desterrado de nuestro lado todo lo que huela a valores, educación y pensamiento. No es guay, y además muy aburrido. Así que sin grandes esfuerzos por hacer estudios de mercados sesudos, es fácil reconocer que la sociedad actual es una potente fábrica de neuróticos, paranoicos, pusilánimes, depresivos, egoístas, conformistas, ombliguistas, y otras clases de "istas" aún más peligrosos y contaminantes que aquellos.

Es tiempo de ser rebeldes, en el sentido de Camus. Un hombre que dice que no, es consciente de su condición de esclavo a la que ha decidido poner fin. Un hombre que se rebela sabe lo importante que es sentirse arropado por los otros hombres. Sólo desde la complicidad, sólo desde la solidaridad podremos cambiar las circunstancias. A partir de esto, las circunstancias y la historia pertenecerán a todos. "Yo me rebelo, luego nosotros somos".

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