lunes, 16 de agosto de 2010

Recordando a Carmen García Bloise

Javier Gil

Escuchaba a Tomás Gómez en una entrevista radiofónica, un día de esta pasada semana, y reconozco que me llenó de satisfacción, las múltiples veces que hizo referencia a su participación; antes en las primarias, y después (como espero y deseo) en las elecciones para la Presidencia de la Comunidad de Madrid, como un "compromiso ético".

Inmediatamente, sin poder, ni querer, por supuesto evitarlo, me acordé de Carmen García Bloise, a la que conocí, y de la que siempre he tenido múltiples referencias, de primera mano, a través fundamentalmente de mi amigo Javier Pérez Bazo. Carmen, secretaria de organización del PSOE (1979-1984), siempre ha representado para mí, las convicciones, el compromiso, la solidaridad con los menos afortunados, y todo con una forma de ser y estar, tan sencilla y evidente, que insisto, no dejaba de sorprenderme. Su casa de Moratalaz, exenta de todo lujo, ¡qué digo lujo!, incluso exenta de cualquier muestra que pudiera parecer, no encontrarte en la casa de una familia trabajadora, con la dignidad y el gusto de Carmen, por supuesto, pero sencilla y amable como ella.

Su vida, lo creo firmemente, debería ser un ejemplo para muchos dirigentes políticos, sobre todo de la izquierda. Y lo creo así, pues contrasta de modo evidente con otras formas de vida, que también he conocido, y de las que tengo que hacer esfuerzos por recordar, dado que no son precisamente un ejemplo. También tengo muy claro, como decía Gandhi, que: "si no vives como piensas, terminarás pensando como vives".

Carmen García Bloise (Madrid 1937-Madrid 1994), en 1948, se exilia junto con sus padres a Francia. A los 15 años ingresa en las Juventudes Socialistas, y a los 20 años se afilia al PSOE y a la UGT. Estudia peritaje Mercantil y se diploma en Organización de Empresas. Trabaja como contable en la fábrica Renault de París, donde también desarrolla una destacada labor como sindicalista. Colabora con Miterrand, formando parte de su equipo en la campaña electoral de las presidenciales francesas de 1964. Dentro del PSOE, y hasta su regreso a España en 1975 (donde se encarga de las finanzas del partido), se dedica activamente a la idea de trasladar la dirección del partido al interior, en contra de los criterios de la Comisión Ejecutiva liderada por Rodolfo Llopis, hasta llegar al Congreso de Suresnes, en el que su trabajo fue determinante para conseguir el triunfo renovador encabezado por Felipe González.

Diputada, por Madrid, en todas las legislaturas hasta su muerte, a causa de un problema de hígado que le exigió dos trasplantes, producida en el Hospital Gregorio Marañón, el 16 de julio de 1994. Su entierro, al que además de multitud de personas cercanas al PSOE, y su plana mayor, congregó a gran cantidad de políticos de todo el arco parlamentario de entonces. Fue una prueba evidente de ese compromiso ético del que hablaba al comienzo, y que le acompañó toda su vida. Entre todos los comentarios que hubo tras su fallecimiento, me quedo, sin duda, con el que realizó el entonces Presidente del PSOE, Ramón Rubial: "el mejor recuerdo será imitarla".

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