jueves, 5 de agosto de 2010

Para que nadie dude de nosotros o cualquier otro título

Baudilio Cavadas Gormaz


He hablado con mi amigo Manuel León y me ha animado a hilar, en la medida en que ello esté a mi alcance, alguna frase en torno a primarias sí, primarias no. La verdad es que me he vuelto bastante escéptico con relación a la capacidad clarificadora de las votaciones nominales dentro del Partido Socialista en Madrid, pues si con anterioridad pensaba que los militantes tenían sobre todo ideas, ahora pienso que los militantes tienen sobre todo intereses. Tampoco diré, por lo general, que se trata de grandes intereses, pero sí lo suficientemente conspicuos como para mediatizar su comportamiento electoral. Así pues, fulano votará a mengano, simplemente porque su yerno es secretario de organización, y en aquél otro ámbito donde otro secretario cualquiera tiene posibles, el sentido de la votación de amigos y parientes (por cierto, sería necesario algún estudio para conocer y representar los árboles familiares en cualquiera de nuestras agrupaciones) se ajustará a la misma lógica. En suma, pues no deseo extenderme sobre estos y otros aspectos que pondrían muy en duda la vocación democrática de nuestra organización, las primarias en Madrid no valen para clarificar cuál es la opinión privada y personal de los militantes con relación a las mejores posibilidades de nuestros candidatos, sino más bien para calibrar cuál de las redes clientelares resulta más eficaz.
Así pues, si nos preguntan, inmediatamente diremos que estamos con Tomás Gómez, ¿pero con qué Tomás Gómez? Con aquel que quiere ser cabeza de lista y ostentar al mismo tiempo la Secretaria General, o con ese otro Tomás Gómez que quiere mantener la Secretaría General e ir de número dos en una candidatura con Trinidad Jiménez. Pues bien, lo primero que hay que decir es que nuestra fidelidad no conoce limites y ahí estaremos con cualquiera de los Tomases. Lo segundo que conviene señalar es que, quizá por sus muchos merecimientos, la diosa fortuna tampoco parece olvidada, porque, cualquiera que sea su destino, no parece haber desdoro en ninguna de las alternativas. Por último, si yo si fuera él, que no lo soy, le preguntaría a Montilla……………..

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