domingo, 1 de agosto de 2010

La Ley de Arizona

Antonio Miguel Carmona

Este artículo ha sido publicado el 31/7/2010 en www.elplural.com

No se pueden imaginar el asco que me produce el ala radical de los republicanos
La Ley de Arizona y el partido que la promueve sólo sirven para una cosa: como mal ejemplo

Una noche de enero del noventa y dos entré en Arizona en un Chrysler blanco por la mítica Route 66, de oeste a este, dejando atrás California. Me vino a la mente John Steinbeck describiendo la ruta como la carretera madre, The Mother Road, en aquella novela, Las uvas de la ira, tan magistralmente llevada al cine por John Ford y que yo había visto años antes en la Filmoteca Nacional.
La mayoría republicana del Congreso de Arizona acaba de aprobar una ley, impulsada y defendida por la republicana, ortodoxa y reaccionaria gobernadora del Estado, Janice Kay Brewer, en la que se considera delito que los trabajadores sin papeles busquen empleo en lugares públicos. Una norma que –atiendan- establece que es la policía quien determina el estatus migratorio de un sujeto. Para mayor abundamiento y humillación se exige que los inmigrantes lleven encima sus documentos en todo momento.

Enero del noventa y dos
Años atrás, en aquel entonces, yo andaba deslumbrado por los indios washoes (“gente de aquí”), reserva que había visitado en las faldas de Sierra Nevada, cadena que hace frontera entre Nevada y California. Aquella noche tuve la suerte, desviándome ligeramente de la Ruta 66, de encontrarme una reserva de indios hualapais (“pueblo de los pinos”), quienes me permitieron pernoctar en aquel poblado. Allí conocí a un médico blanco que vivía en una especie de roulotte: él fue quien me presentó a la mañana siguiente al resto de la reserva. No se me olvidará nunca el momento en el que uno de los más viejos me contó que a mediados del siglo XIX, el líder hualapai, Anasa, fue asesinado por el hombre blanco, desencadenando una guerra que casi acabó con el exterminio del pueblo de los pinos.

Nadie se libra
Pero de la Ley Brewer, la SB 1070, nadie se libra: ni los hualapais, ni los mexicanos, ni siquiera los descendientes caucásicos de la novela de Steinbeck, aquellos granjeros blancos de Oklahoma que cruzaban el estado en busca de una tierra prometida llamada California. ¿Es usted blanco caucásico? No lo suficiente. Siguiendo los artículos de esta ley usted mismo puede ser detenido tan solo por llevar en el coche a un familiar o a un amigo indocumentado. Los republicanos han logrado rizar el rizo provocando en forma de norma la mayor violación de los derechos civiles desde Kennedy, la creación de una especie de apartheid que, de llevarse a efecto, expulsará a medio millón de hispanos de las tierras del cuarenta y ocho estado de los Estados Unidos de América.

La Ley SB 1070
La Ley del Estado de Arizona contra la inmigración ilegal entró en vigor este jueves, pero, de momento, sin las disposiciones más polémicas. El Gobierno federal –cuyo presidente, a diferencia de la gobernadora intransigente, al menos ha leído y viajado-, interpuso un recurso de suspensión que se ha convertido en la esperanza de numerosos hispanos. De momento los artículos que atentan evidentemente contra la Constitución, los Derechos Civiles y el sentido común, han sido bloqueados por la Juez de Distrito, Susan Bolton, personaje cuyas medidas de seguridad habrán de multiplicarse en las próximas horas.

Haritz Ona
Sin embargo, mi recuerdo de Arizona pertenece a los hualapais. Me los imaginaba, junto con los apaches y navajos, los verdaderos moradores de la Arizona del Gran Cañón, antes de la llegada del explorador salmantino Francisco Vázquez de Coronado y mucho antes de la presencia del padre de la gobernadora Jan Brewer, esa que ahora quiere expulsar a todo aquello que no sea tan blanco como su culo. Con los indios los españoles establecieron vidas y haciendas: posiblemente el nombre de Arizona se deba al apelativo que impusieron los conquistadores españoles de origen vasco, quienes bautizaron al territorio con el topónimo vascuence de Haritz Ona, “buen roble”, por la profusión de quercus existente en el lugar.

Tribunal de Apelación
Entonces, en el noventa y dos, y hoy mismo, bien entrado el siglo XXI, hualapais, indios, españoles o mexicanos, hispanos en suma, anglosajones y europeos, hacen de Phoenix o de Tucson un crisol de culturas que trata de salvaguardar el gobierno federal y la juez Bolton. Sorda de nacimiento, corta de entendederas, la gobernadora impasible, sin embargo, ha recurrido la decisión de la juez y exige la puesta en marcha en su integridad de la Ley SB 1070; no ha tardado en presentar un recurso de urgencia en el Tribunal de Apelación del Noveno Circuito de los Estados Unidos: parece urgente que Arizona sea solo caucásica, despreciando la historia, y, sobre todo, las razones del nacimiento de una nación, la inmigración, el Golden Gate, la tierra de oportunidades o el sueño americano. Sin embargo, ¿qué se puede esperar de un Estado cuyo lema es Ditat Deus (Dios enriquece)? Probablemente, mientras los hispanos y otros indocumentados hacen progresar Haritz Ona, podemos esperar, con ese lema, que dé a luz personajes como Janice Kay Brewer o Joe Arpaio.

La gobernadora
¿Quién es Jan Brewer? Se trata de la 22º Gobernadora del Estado de Arizona. Luterana oxigenada, caucásica; vieja de ideas, líder de un partido que cada día es denominado por más norteamericanos como teoconservador, plagado de fanáticos religiosos como esta extremista delirante perteneciente a la National Federation of Republican Assemblies cuyos principales ideales nacen en defensa de los valores familiares y contra el libertinaje sexual. Verdadera inspiradora de normas tan parecidas a las de la Italia de los veinte o la Alemania de los treinta, cuyo sueño está asegurado por un mamporrero, el sheriff Arpaio, celoso de la pureza racial de frontera, presumido autor ayer de numerosos arrestos de manifestantes hispanos contra la Ley SB 1070.

El sheriff
¿Quién es el soplapollas de Joe Arpaio? Es hijo de inmigrantes napolitanos. Como su madre lamentablemente murió en el parto y su padre no quiso educarlo, fue la Armada de los Estados Unidos quien ejerció más tarde la patria potestad de este mal llamado “el sheriff más implacable de los Estados Unidos” (vayan sacando conclusiones). Ex agente de la DEA, la revista Harper´s le define como “un amante esposo, mentiroso y matón”. Uno de sus grandes éxitos es la identificación de niños por las huellas dactilares y su posterior retención; desde la semana pasada se ha hecho famoso por ser el autor material del arresto y detención de numerosos manifestantes hispanos.

Asco
Revulsion en el idioma de Jan Brewer significa “asco”. Los republicanos, paleoconservadores, aislacionistas, reaccionarios, pero sobre todo, ignorantes, iletrados y simples, me dan, eso, asco. ¿Qué opinan de esto los colaboradores hispanos del presidente Bush Jr? Me vienen a la cabeza el secretario de Justicia Alberto Gonzales o el secretario de Vivienda Mel Martínez, quien es en la actualidad el primer senador republicano latino. Me viene también a la cabeza Esperanza Aguirre, entusiasta admiradora, visiting fan, de los congresos republicanos. Habría que preguntarles si están de acuerdo con considerar delito que los trabajadores sin papeles busquen empleo en lugares públicos, que la policía sea quien determine el estatus migratorio de un ciudadano, que se exija que los inmigrantes lleven siempre encima sus documentos, que cualquiera pueda ser detenido, que cualquiera pueda ser detenido por llevar en el coche a un familiar o a un amigo indocumentado o que se abra la puerta a la expulsión de medio millón de hispanos del estado donde Dios enriquece.

Revulsion
No se pueden imaginar el asco que me produce el ala radical de los republicanos. Sólo sirven para una cosa: como mal ejemplo. Son la antiAmérica: montan el Tea Party Movement, comandados por Sarah Palin y otras sujetas como Jan Brewer, como reacción contra Obama, contra los demócratas e, incluso, contra los republicanos moderados. De verdad: me dan asco. ¿Qué habrá sido de aquel Chrysler del noventa y dos?

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE

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