domingo, 1 de agosto de 2010

Codicia, inflación y subida de IVA


Noel Leunam

Allá, por la pasada primavera, cuando el Gobierno de la Nación anuncio la subida del IVA como una de las medidas para corregir el fuerte déficit publico causado por la crisis económica, el Secretario General del Partido Socialista de Madrid, Tomas Gómez, intentaba convencer a Arturo Fernández, Presidente de los empresarios madrileños, que tal incremento impositivo no habría de suponer mas allá de unos pocos céntimos en el precio de una taza de café.

El Sr. Fernández, negando tal aserto, pronosticaba que la subida supondría un fuerte incremento en la tasa de inflación que, cosa curiosa, en aquellos momento era tan baja que a algunos economistas les preocupaba muy mucho que se fuera a producir un proceso deflacionario en el nivel de los precios.

Para mas mortificación la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, envuelta en la bandera de ese castizo populismo que la caracteriza, emprendió una campaña de recogida de firmas para oponerse a tal medida, estableciendo un horizonte objetivo de unas 80.000 firmas (téngase en cuenta que los militantes del Partido Popular de la región de Madrid son, según sus propias manifestaciones, aproximadamente unos 100.000). Al final tal procedimiento no les ha salido nada mal, pues han conseguido unas 180.000 firmas que han presentado hace pocos días en un municipio del sur madrileño.

Bien, pues ahora les voy a contar una escena cotidiana que me ha ocurrido esta misma mañana y que tiene que ver bastante con todo esto, como todos ustedes podrán comprobar al leerlo.

Ahí vamos:

“Me acerco, este caluroso sábado, último día del mes de julio, a un centro comercial de El Corte Inglés. Necesito comprar algunas cosas y antes de entrar en el Hipermercado me doy cuenta, en el baño, de que me falta un peine de bolsillo, cosa que mi coquetería masculina cincuentona no me permite soportar.

Veo que está cerca la sección de perfumería y encuentro un pequeño peine que veo marca el precio de 3,50 euros. Me acerco a la vendedora para hacer tal compra en metálico y observo que al pasar el lector del código de barras aparece en pantalla que el precio es de 3,80 euros.

Normalmente, ante, hoy, tan ínfima diferencia de importe yo, vergonzosamente, no suelo decir nada no vayan a pensar que soy un tacaño de fuste, pero esta vez, no sé porqué, me atrevo a advertírselo a la vendedora y ella me dice que por supuesto prevalece el precio marcado en el producto sobre aquel que esta inscrito en los archivos informáticos y que aparece en el display (pantalla) del TPV (terminal punto de venta).

Entramos, agradablemente, en detalles sobre el asunto de marras y le pregunto que por que puede haber habido ese desfase (recuerdo que mi primer trabajo como economista fue en unos grandes almacenes y por deformación profesional voy observando todo lo que se va haciendo en el sector).

Ella me dice que, casi con toda seguridad, se tiene que deber al cambio de precios ocasionado a primeros de mes por la subida del IVA (un peine pequeño es una mercancía de poca rotación y es fácil que todavía pertenezca a una remesa de productos entregados por el proveedor antes de esa fecha) y que por olvido se ha debido quedar marcado el anterior precio que tenía el peinecito.

Yo, automáticamente, empiezo a echar una pequeña cuenta y digo en voz alta ¡Qué barbaridad! Creo que la subida del 16 al 18% no debería suponer mas allá de unos pocos céntimos, que no alcanzo a calcular de cabeza en ese instante, pero que entiendo han de ser muy pocos (luego veo que no son más que 6 céntimos lo que debería haber subido el precio).

Se lo digo a la vendedora y ella está de acuerdo conmigo pero me dice que no puede hacer nada pues eso son cosas que vienen de arriba, que es donde deciden cual es la política de precios y que a ella eso la desborda. Yo la digo que no se preocupe, le pago en metálico, me marcho, saco el peine del estuche para verlo, me atuso el pelo que me queda y me voy a hacer mi compra grande sin dejar de darle vueltas al magín por lo acaecido.

Como pueden ustedes comprobar cogiendo una calculadora de mano, si se hubiera aplicado el incremento de IVA del 16 al 18% el peine pequeño debería haber pasado de valer 3, 50 euros a 3,56 euros. Concedamos que por el redondeo (dichosos engorrosos céntimos que no valen mas que para fastidiar) pasará a costar 3,60 euros….pero a 3,80 euros….por favor….30 céntimos mas, 6 para el Estado y 24 para el establecimiento….. como si hubiera subido el IVA a un 26%.....claro que me salía de natural exclamar ¡que barbaridad!.

A mi, en mis años mozos de estudiante, Fuentes Quintana, Irastorza, Rojo, Julio Segura, Fernández Díaz, Carlos Sebastián (hermano del actual Ministro), José Luis San Pedro, Varela Parache, Don Ángel Alcaide, etc.… y otras egregias figuras de la economía española me enseñaron en los pabellones de la Facultad sita en Somosaguas que existían dos tipos de inflación: la de costes y la de demanda. Se les debió olvidar este tipo de causa que también, me da la ligera impresión, origina inflación.

Si es cierto lo que me dijo la vendedora (el olvido del cambio de etiquetas al modificar los precios por el cambio del IVA) y eso ocurre a nivel de todos los productos del establecimiento, y a nivel de todos los establecimientos de la cadena y a nivel de todos los establecimientos de España de otros tamaños y cadenas….(y espero que no sea cierto y sea un simple error)…..efectivamente la Sra. Aguirre y el Sr. Fernández llevaban toda la razón, se iba a producir un proceso inflacionario, y el Sr. Gómez estaba plenamente equivocado, con la única diferencia entre estos de que el Sr. Gómez, economista también, debió aprender, como yo, con maestros que enseñaban las cosas lógicas y académicas y no las cosas callejeras que ocurren en realidad y que tan bien conocen los dos primeros.

Ya se sabe: Motivos de la inflación, los clásicos: demanda o/y costes y el nuevo añadido: la CODICIA o ¿existió siempre?

codicia.

(Del lat. *cupiditĭa, de cupidĭtas, -ātis).

1. f. Afán excesivo de riquezas.

2. f. Deseo vehemente de algunas cosas buenas.

3. f. Taurom. Cualidad del toro de perseguir con vehemencia y tratar de coger el bulto o engaño que se le presenta.

4. f. ant. Apetito sensual.



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