miércoles, 28 de julio de 2010

Una estocada certera

Javier Gil

Esta mañana el Parlamento de Cataluña, ha aprobado por 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones, la prohibición de programar festejos taurinos en la Monumental de Barcelona, a partir del 1 de enero de 2012. En conclusión, no habrá toros en Barcelona, y no los habrá pues la fiesta, en la Ciudad Condal, ha recibido una certera estocada que ni siquiera ha necesitado descabello. No soy un taurino al uso, puedo ir a una o a varias corridas en la feria de San Isidro, depende de las circunstancias, pero desde luego, no son los toros una prioridad dentro de mis aficiones. Pero sin serlo, si puedo asegurar que el arte de la tauromaquia, entendiendo el arte taurino como se quiera entender, me merece el respeto más absoluto, y por supuesto, el mismo respeto profeso a los múltiples aficionados que siguen con fervor la 'fiesta'. También, soy consciente que los jóvenes, al menos los que yo tengo más cercanos, no son precisamente aficionados a los toros y dificílmente lo serán en el futuro. Con estas premisas, parece evidente que la conocida como 'fiesta nacional', poco a poco, será cada vez más minoritaria, y en un futuro más o menos lejano, o desaparecerá, o se reducirá notablemente.

Pero en Cataluña, la historia, a mi juicio, se escribe de otro modo, en Cataluña la fiesta de los toros, a pesar de contar con numerosos aficionados, poco tiene que ver con Madrid o con Sevilla, por poner un ejemplo. Se programan menos festejos, tiene menos tirón popular, con lo que lo anterior, o sea la posibilidad de que desaparezca de manera natural, parece más evidente. Pero no, había que matarla y había que hacerlo con ruido, y así amparándose en una iniciativa popular, el Parlamento Catalán recibe alborozado desde los medios y enmascarando el verdadero debate, en un debate animalista, acierta con una certera estocada y acaba con ella. Sorprende escuchar a todos los partidarios de la abolición, (y esta mañana, en los medios de comunicación lo he podido comprobar reiteradamente), que sin preguntarles nada, como de oficio, sistemáticamente repetían; "la decisión carece de connotaciones de carácter identitario", o aquello de: "detrás de la decisión no existe el famoso debate identitario, hemos votado a favor por ética y moral". Personalmente, cuanto más lo repetían, menos me lo creía.

No hubiese sido mucho más sencillo dejar que los propios ciudadanos, con su no asistencia a las corridas de toros, hubiera determinado que éstas no se celebraran. O mejor, y en beneficio de la libertad, dejar que asistan a las corridas de toros sólo aquellos que, por una u otra razón, les guste acudir, y el resto, con no asistir sería suficiente. "No será que la tauromaquia está sirviendo a algunos de coartada para cuestionar la capacidad de decidir de los catalanes", como se pregunta Víctor Gómez Pin, en el diario EL PAÍS de hoy. En fin, por último, si quiero agradecer expresamente a los diputados que, en el uso de su libertad, han votado en contra, y al resto, les propongo que, en un futuro próximo, lleven al Parlamento de Cataluña la posible prohibición de la morcilla de Burgos, pues por ética y moral (sic), también se mata a un animal, y además, por cierto, la morcilla de Burgos también es muy española.

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