sábado, 24 de julio de 2010

Rememorando a Mariano Gómez


Antonio Ortiz-Arce de la Fuente y Enrique Olivas Cabanillas

La monografía de Pedro-Pablo Miralles sobre la relevante figura de Mariano Gómez, Presidente del Tribunal Supremo durante el periodo de la República en guerra (1936-1939), y con anterioridad Presidente de Sala Sexta de Justicia Militar, Catedrático de Derecho Político y Rector de la Universidad de Valencia, es una destacable contribución a la historia del régimen establecido en 1931 con una nueva legalidad y una avanzada Constitución, tras unas elecciones municipales en las que triunfaron ampliamente las candidaturas republicanas en las principales ciudades – en Valencia Mariano Gómez fue elegido Teniente Alcalde-, mientras la Monarquía se hundía con la salida del Rey.

Se puede iniciar esta presentación con el inestimable testimonio de Gabriel Jackson al indicar cómo con motivo de la trágica sublevación de l8 de julio y para encauzar la reacción judicial frentea los acontecimientos de la guerra desencadenada, “el gobierno de la República ejerció cierta influencia restrictiva sobre estos tribunales [tribunales populares] mediante el nombramiento de magistrados moderados y valientes para que los presidieran: hombres como Mariano Gómez en Madrid … no podían contrarrestar el odio de clase ni imponer un procedimiento impecable sobre fiscales y jurados poco entrenados, pero podían impedir flagrantes errores al considerar las pruebas, proteger a los testigos, aumentar la proporción de las sentencias a cárcel y disminuir la proporción de penas de muerte” (p. 258). Las características de moderación y valentía propias del magistrado y profesor, se evidenciaron no sólo con su actuación en los citados tribunales, en el Tribunal Especial de Madrid con motivo de los sucesos de la cárcel Modelo en agosto de aquel trágico año, en su lucha contra la imposición de la pena de muerte, incluso en las circunstancias impuestas de asedio y guerra a la República y al nuevo marco de derechos y libertades establecido en la Constitución, sino también con motivo de sus actuaciones anteriores en la Sala Sexta del Tribunal Supremo. Ese sentido de la Justicia se manifestó igualmente en Mariano Gómez, con motivo del juicio al general Sanjurjo en la citada Sala por el golpe militar del 10 de agosto de 1932 y, después, con ocasión de la revuelta social y política de octubre de 1934 en Asturias, objeto de una despiadada represión por parte de la Legión y de los Regulares de Franco y de Yagüe, con la complacencia de la derecha gobernante por medio de Lerroux y de Gil Robles.

También, se constata en la obra de Pedro-Pablo Miralles, la permanente actividad de Mariano Gómez en favor de la legalidad, de los derechos de la persona y de la política humanitaria, a lo largo de la guerra impuesta, no solo con motivo de los canjes de prisioneros y de libertades conseguidas, sino, además, como miembro del Comité de Ayuda a España desde 1938 hasta después de la guerra, y sobre todo, por su gran alcance y trascendencia, por haber contribuido a conseguir del gobierno francés, a través de su ministro de Gobernación Serraut, la apertura de la frontera que había sido cerrada de nuevo desde el 21 de enero de 1939, con el fin de permitir la salida de centenares de miles de refugiados españoles, mientras en febrero los gobiernos de los denominados Estados democráticos de Francia y Gran Bretaña reconocieron al gobierno de los rebeldes victoriosos. En Madrid, Valencia y Barcelona, Mariano Gómez y su familia padecieron los desalmados bombardeos rebeldes en ciudades abiertas contra la población civil, ensayando así la aviación nazi y fascista las posteriores masacres en la segunda guerra mundial.

En realidad, la República fue sucesivamente afectada por las consecuencias de la crisis económica mundial de 1929, que incidió sobre todo en los países de estructura y producción básicamente agrícola, por las salidas de capitales de los grandes grupos conservadores contrarios a cualquier cambio que perjudicara sus intereses y privilegios, por los asedios desestabilizadores de los regimenes fascista – recuérdese el acuerdo de Mussolini de 1934 con la oposición monárquica y falangista- y nazi –a través de las actividades de la oficina de política exterior del partido nacionalsocialista-, por la indiferencia, si no hostilidad, ya en plena guerra, de los gobiernos francés y británico –con la ficción de la no intervención decidida en agosto de 1936-, y por la pasividad de la propia Sociedad de Naciones, cuyo Consejo no actuó medida alguna de seguridad colectiva cuando ya eran flagrantes las intervenciones totalitarias a favor del bando rebelde, que además utilizaba tropas coloniales en la sublevación. En tales situaciones trágicas, cabe señalar la interesante actuación de Mariano Gómez con su dedicación al respeto y mantenimiento de los valores del derecho internacional, como se evidenció en su participación como delegado de España en la Conferencia de Montreux de 1937, para la abolición del discriminatorio y colonial régimen de capitulaciones en Egipto, una vez que por acuerdo de agosto de 1936 Gran Bretaña había reconocido su independencia y soberanía.

Se daba así una congruencia y sintonía entre, por un lado, la Constitución de la República, a través de relevantes disposiciones de carácter internacional como la de su artículo 6º (“renuncia a la guerra como instrumento de política nacional”), pero también de carácter interno, con relevancia para los derechos y libertades de los españoles y de los extranjeros, como en los artículos 23 y 24 en materia de nacionalidad, o como en sus artículos 25 y 43 sobre no discriminación, que abrirán paso al matrimonio civil, a la filiación en condiciones de igualdad y al divorcio, y, por otro lado, las convicciones y la propia vida de Mariano Gómez. Debido a ese ideario político de respeto humano y de promoción de los derechos y libertades, se comprende que una de las personas más próximas a Mariano Gómez, en sus meses de refugio en París, fuese su buen amigo el pensador cristiano Jacques Maritain, el cual prestó todo su apoyo personal y material en solidaridad con el exilio español.

Al concluir las líneas de homenaje y admiración hacia Mariano Gómez, cuya trayectoria humana, profesional y política resulta tan bien descrita en la obra de Pedro-Pablo Miralles, vienen a nuestra mente dos últimas consideraciones. Una, sobre la honradez y profundidad en las convicciones del autor, al referirse a la propia intervención de su abuelo paterno como magistrado del Tribunal Supremo franquista en las diligencias penales seguidas contra Mariano Gómez, expulsado de modo ignominioso de la Magistratura y de la Universidad españolas, tan afectadas por la represión. Otra, sobre el rechazo frontal a quienes con responsabilidades en el actual Estado de Derecho, han incluido desde la propia presidencia del Congreso de los Diputados, de manera bochornosa y dentro de los “símbolos preconstitucionales”, a los propios de la República, mientras permanecen en tal edificio los retratos de los presidentes de las Cortes franquistas que coadyuvaron a escribir páginas ignominiosas y criminales en la historia española.

Desde el Instituto Complutense de Estudios Jurídicos Críticos, nos ha resultado sumamente honroso y congruente con nuestros planteamientos en investigación y docencia, abrigar la publicación de la obra de Pedro-Pablo Miralles sobre Mariano Gómez, quien a los rasgos de moderación y valentía señalados por Gabriel Jackson al inicio de esta Presentación, supo añadir los de lealtad a la Justicia, a la legalidad y a la República, durante la corta paz siempre amenazada desde 1931, durante la larga guerra financiada y reforzada tanto desde el exterior como desde el interior, y durante la represora posguerra, habiendo fallecido en 1951 en el exilio de Argentina.

En todo caso, se podrá aplicar siempre a Mariano Gómez, la misma visión que tuvo Joan Mirò al incluir en su cartel “Aidez l’Espagne”, pintado para el pabellón español de la Exposición internacional de París de 1937, la frase de “Dans la lutte actuelle, je vois du côté fasciste les forces périmées, de l’autre côté, le peuple dont les inmenses ressources créatrices donneront a l’Espagne un élan qu’étonnera le monde”. Resulta sin embargo triste verificar que continúan existiendo en nuestro país abundantes “forces périmées”.

Antonio Ortiz-Arce de la Fuente es Catedrático de Derecho Internacional Privado y Enrique Olivas Cabanillas es Profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.

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