viernes, 16 de julio de 2010

El 'negrito de la lejía'






Javier Gil

La tienda de ultramarinos de mis padres, era la parte delantera de la vivienda, que compartía con cuatro hermanos más pequeños, y ellos, hasta el año 1960, y, además, el escape para coger caramelos, chocolatinas, alguna que otra, pepsi-cola.....etc,. A mí como hijo mayor, también me era útil para escuchar conversaciones de los mayores, como se decía entonces, y que de otro modo, nunca hubiera escuchado.

Corría los años 56, 57, 58, y con ocho años, obviamente me enteraba de todo, el mal llamado 'fiao', como vulgarmente se decía, comprar a crédito, era lo común. El hombre cobraba por semanas, y tras el cobro, la mujer liquidaba en la tienda. Una familia, con varios hijos, que vivían en la zona que hoy ocupa Pinar de Chamartín, barrio donde la mayoría de sus habitantes, se dedicaban a la llamada 'busca', que no era sino la recogida nocturna de basura en los barrios de Salamanca y Argüelles, pues entonces el servicio no estaba municipalizado. Tenían un hijo, el mayor de varios, un niño muy guapo y muy moreno, al que mi familia bautizamos, de manera unánime: como el 'negrito de la lejía', dado su gran parecido con el niño negro que mostraba la etiqueta de una lejía de entonces, llamada; "Lejía el Negrito".

El padre, joven y con fortaleza física, semanalmente le comentaba a mi padre: "a mi mujer lo que necesite, ya sabes, a ver si esta semana se me da bien el Metro, y te pago". Cualquiera, y yo mismo, podía pensar en un trabajador de la entonces llamada Cía Metropolitana de Madrid. Pero no, pues dicho comentario, siempre lo acompañaba con el gesto típico del descuidero o carterista, que cada vez menos atónito yo observaba, medio escondido y sin llamar la atención.

Desconozco, cómo y por qué medios, consiguieron emigrar al sur de Francia, y durante dos años, coincidiendo con Navidad, recibían mis padres una tarjeta postal de felicitación, de la familia del 'negrito de la lejía'.El tercer año, recuerdo como aparecieron en la tienda, en un Tiburón Citroën, de muy buen uso, vinieron a saludarnos y a felicitarnos, la Navidad personalmente, mis padres encantados de verles de nuevo, lo festejaron ampliamente. A la pregunta de mi padre, habrás dejado el 'tema', el padre del 'negrito de la lejía', contestó, sin dudarlo: "mira Florencio, tenemos trabajo, mi mujer y yo, mis hijos colegio gratis, hospitales, en fin, dinero para vivir, para que necesito complicarme la vida".

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