viernes, 23 de julio de 2010

El insólito legado de Cesáreo del Cerro

Javier Gil


El 5 de diciembre de 1915, moría en Madrid Cesáreo del Cerro, nadie le conocía actividad o acercamiento al movimiento obrero de entonces, nadie en las organizaciones de trabajadores, tenía referencias de él, ni siquiera como simpatizante. Su trabajo de industrial curtidor, y sin duda, su gran capacidad para el ahorro, permite que al momento de su muerte su fortuna alcance la cifra de 999.000 pesetas, un millón de entonces.

La iglesia, normalmente a través de sus distintas órdenes religiosas, si solía recibir legados de personas con dinero o patrimonio, o ambas cosas. Por ello, lo insólito, es que una comisión de la Casa del Pueblo había sido invitada a la lectura de la última voluntad de don Cesáreo del Cerro, fallecido a la edad de 78 años, por la que legaba, a la misma la cantidad de un millón de pesetas. El testamento de industrial-curtidor establecía un legado constituido por seiscientas sesenta y nueve mil pesetas, y la casa del número 20 de calle Carranza de Madrid, valorada en trescientas mil pesetas.

El testador establece como condición el no poder enajenar ni gravar los bienes que constituyen el legado, pudiendo sólo disponer de las rentas que produzcan los mismos, dichas rentas deberán emplearse en la instrucción de los obreros y sus familias. Así como la condición de crear una escuela de primera enseñanza para los hijos de los trabajadores, dándoles igualmente vestido y una comida diaria, a los niños y niñas que asistan.

Encargando a Pablo Iglesias el inspeccionar la administración y el asesoramiento a las sociedades obreras en todo lo necesario. En la Asamblea celebrada en la Casa del Pueblo, el 28 de marzo de 1916, quedaba constituida la Fundación Cesáreo del Cerro, aprobándose sus Estatutos, quedando nombrados para representar a la Asamblea en el Patronato de la Fundación, Julián Besteiro, por la Sociedad de Oficios Varios; Modesto Aragonés, de la de Albañiles y Andrés Ovejero de la de Profesores Racionalistas. Posteriormente, el 16 de abril, se celebra la primera reunión del Patronato, siendo elegidos por unanimidad Julián Besteiro y Miguel Llácer, presidente y secretario respectivamente. Las escuela de párvulos se puso en marcha finalmente en 1928, tras no pocas dificultades, y llegó a ser un ejemplo de la ideas socialistas que sobre la enseñanza tenían entonces.

Bibliografía: La Cultura Socialista en España (1923-1930)
Autor: Francisco de Luis Martín
Ed. Universidad de Salamanca, 1993

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