sábado, 31 de julio de 2010

POURQUOI-PAS? (Pensamientos decapantes)

Falstaff


"Me dirigí a Saint-Denis. Introducido en una de las instancias que precedían a la del rey, no encontré a nadie; me senté en un rincón y esperé. De pronto una puerta se abre: entra silenciosamente el vicio apoyado en el brazo del crimen, M. de Tayllerand caminando sostenido por M.Fouché; la visión infernal pasa lentamente delante de mi, penetra en el gabinete del rey y desaparece. Fouché iba a prometer bajo juramento fe y homenaje a su señor; el fiel regicida, de rodillas, puso las manos que hicieron caer la cabeza de Luis XVI entre las manos del hermano del rey mártir; el obispo apóstata fue garante del juramento".

Chateaubriand, Memorias de ultratumba
7 de julio de 1815, hacia las once de la noche.

No hay hombre mas solemne que un hipócrita

Ya sabéis PORQUE NO






miércoles, 28 de julio de 2010

Una estocada certera

Javier Gil

Esta mañana el Parlamento de Cataluña, ha aprobado por 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones, la prohibición de programar festejos taurinos en la Monumental de Barcelona, a partir del 1 de enero de 2012. En conclusión, no habrá toros en Barcelona, y no los habrá pues la fiesta, en la Ciudad Condal, ha recibido una certera estocada que ni siquiera ha necesitado descabello. No soy un taurino al uso, puedo ir a una o a varias corridas en la feria de San Isidro, depende de las circunstancias, pero desde luego, no son los toros una prioridad dentro de mis aficiones. Pero sin serlo, si puedo asegurar que el arte de la tauromaquia, entendiendo el arte taurino como se quiera entender, me merece el respeto más absoluto, y por supuesto, el mismo respeto profeso a los múltiples aficionados que siguen con fervor la 'fiesta'. También, soy consciente que los jóvenes, al menos los que yo tengo más cercanos, no son precisamente aficionados a los toros y dificílmente lo serán en el futuro. Con estas premisas, parece evidente que la conocida como 'fiesta nacional', poco a poco, será cada vez más minoritaria, y en un futuro más o menos lejano, o desaparecerá, o se reducirá notablemente.

Pero en Cataluña, la historia, a mi juicio, se escribe de otro modo, en Cataluña la fiesta de los toros, a pesar de contar con numerosos aficionados, poco tiene que ver con Madrid o con Sevilla, por poner un ejemplo. Se programan menos festejos, tiene menos tirón popular, con lo que lo anterior, o sea la posibilidad de que desaparezca de manera natural, parece más evidente. Pero no, había que matarla y había que hacerlo con ruido, y así amparándose en una iniciativa popular, el Parlamento Catalán recibe alborozado desde los medios y enmascarando el verdadero debate, en un debate animalista, acierta con una certera estocada y acaba con ella. Sorprende escuchar a todos los partidarios de la abolición, (y esta mañana, en los medios de comunicación lo he podido comprobar reiteradamente), que sin preguntarles nada, como de oficio, sistemáticamente repetían; "la decisión carece de connotaciones de carácter identitario", o aquello de: "detrás de la decisión no existe el famoso debate identitario, hemos votado a favor por ética y moral". Personalmente, cuanto más lo repetían, menos me lo creía.

No hubiese sido mucho más sencillo dejar que los propios ciudadanos, con su no asistencia a las corridas de toros, hubiera determinado que éstas no se celebraran. O mejor, y en beneficio de la libertad, dejar que asistan a las corridas de toros sólo aquellos que, por una u otra razón, les guste acudir, y el resto, con no asistir sería suficiente. "No será que la tauromaquia está sirviendo a algunos de coartada para cuestionar la capacidad de decidir de los catalanes", como se pregunta Víctor Gómez Pin, en el diario EL PAÍS de hoy. En fin, por último, si quiero agradecer expresamente a los diputados que, en el uso de su libertad, han votado en contra, y al resto, les propongo que, en un futuro próximo, lleven al Parlamento de Cataluña la posible prohibición de la morcilla de Burgos, pues por ética y moral (sic), también se mata a un animal, y además, por cierto, la morcilla de Burgos también es muy española.

lunes, 26 de julio de 2010

El valor de las instituciones


Noel Leunam


Cuanto necesitamos, los que hemos luchado por ellas denodadamente desde nuestra juventud, la existencia y la defensa de las instituciones que, previstas y plasmadas en la vigente Constitución de 1978, en su conjunto conforman el mecanismo de equilibrios que sostiene nuestro sistema de convivencia política, económica y social.

Si entenderemos como importantes las instituciones que pensamos que si le preguntáramos a un supuesto reo de muerte sometido a juicio que qué prefiere si un durísimo y sumarísimo Consejo de Guerra o un democrático y popular linchamiento, aquel no tendría duda en responder que para él o su defensor sería mucho mas probable convencer al más duro de los auditores togados militares que al más tierno miembro de la turbamulta que se prestaba a ejercer una justicia seudo democrática.

Por eso me dejan perplejos los ataques, que desde filas, que yo consideraba que estaban convencidos de estos mismos principios, han propinado a la labor, e incluso a la institución, del Tribunal Constitucional en la resolución del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña.

Casi todos lo saben, pero no puedo de dejar de contarlo, este Instituto Jurídico tiene su origen en la democracia norteamericana en el caso Madison de 1803 y su formulación intelectual en el trabajo desarrollado por el jurista de Praga Hans Kelsen que lo vio reflejado en la Constitución de la República Austriaca de los años 20 del pasado siglo XX. El actual Tribunal Constitucional español es una replica del Tribunal de Garantías Constitucionales de la II República Española. Su labor es salvaguardar la aplicación de las normas y principios constitucionales que se encuentran en vigor y nunca actúa de oficio sino a instancia de aquellos que están legitimados para reclamar su actuación cuando, entienden o piensan, con sólidos argumentos, que aquellos han sido transgredidos.

En este caso del Estatuto Catalán, se puso encima de la mesa, como planteamiento incontestable para su no cuestionamiento, la legitimidad que portaba por su aprobación mediante referéndum del pueblo catalán. El problema no es que fueran muchos o pocos los que participaran en tal acto democrático, sino que en opinión fundada de los que tienen la misión encomendada, según la reglas del juego que todos los ciudadanos nos hemos dado, han decidido que algunos artículos de ese nuevo Estatuto sobrepasaban el limite constitucional. Alguien lo ha explicado y, creo que debe recordarse otra vez, si por cualquier causa, parlamentariamente y mediante posterior referéndum se aprobara la reinstauración de la pena de muerte en España, el Tribunal Constitucional ante el amparo que seguro que algunos reclamaríamos de forma inmediata, declararía que la actual Constitución en 1978 abolió tan inhumana pena y que, por tanto, por muy democrático que fuera el procedimiento de aprobación, tal reinstauración seria anticonstitucional y no podría aplicarse en las actuales circunstancias de vigencia de normas y principios constitucionales.

Quizás esto sea una hiperbólica exageración, pero creo no equivocarme si digo que todo lo que ha ocurrido, a parte de ser un gran asunto político, también ha sido una cuestión de procedimiento que entiendo estaba mal planteado para estos casos. Lo tengo que contar: en los años 80 con el PSOE recién llegado al Gobierno de la Nación, Alianza Popular (antecedente político del actual Partido Popular) utilizo de forma filibustera el recurso previo de inconstitucionalidad para impedir la inmediata aplicación de las leyes y normas que se iban aprobando en el Parlamento. Ante esto, se aprobó la desaparición del recurso y probablemente no se previo que algún día los Estatutos de Autonomía también serian revisados y reformados. Como opina el profesor de Derecho Constitucional, Jorge de Esteban, los Estatutos de Autonomía no son unas leyes orgánicas como las demás, sino que forman parte de lo que se ha denominado “bloque constitucional” (por debajo de la Constitución y por encima del resto de leyes orgánicas).

Por ello yo creo que la enseñanza de todo esto que ha ocurrido es que, en tanto no se aborde una reforma constitucional que cambie el sistema de reglas con el que procedemos, se emprendiera una reforma de carácter legal en la que se estableciera que previo a la definitiva aprobación o rechazo por referéndum, que la Constitución exige a los Estatutos autonómicos, fuera necesario y vinculante un dictamen del Tribunal Constitucional que avalara la licitud de los mismos conforme a la Magna Carta y así no se diera la contradicción que ha ocurrido ahora entre dos poderes igualmente legítimos: el voto popular y la decisión del Tribunal.

Puede que esta no sea la correcta forma jurídica de abordarlo, pero no estaría de más que entre todos así lo emprendiéramos, sobre todo aquellos que están más cerca de nuestro ideario, aunque se encuentren en zonas territoriales periféricas. Es muy probable que la labor del Tribunal Constitucional, algún día nos sea muy necesaria y ya se sabe aquel que echa esputos al aire es fácil que le acaben cayendo en su propia cara.

Así me lo han enseñado mis mayores de militancia partidista y sindical, aceptando su existencia incluso cuando se pierde y no te da la razón (que le pregunten a aquel buen Ministro del Interior que comprometió su continuidad en el cargo al resultado de la decisión del Constitucional sobre la Ley, mal llamada, de la “patada en la puerta”: dimitió, ha corrido el tiempo y aquí estamos todos. Su ley era legítima, pero una cuestión de procedimiento que cerraba ese circuito de legitimidad impidió su continuidad).

Respetemos, con fair play, la decisión arbitral aunque no nos guste, como lo han hecho nuestros jugadores de la Roja en Sudáfrica, incluso cuando las decisiones que les concernían, por parte del juez, les eran manifiestamente perjudiciales: aguantaron y ganaron, material y éticamente.

sábado, 24 de julio de 2010

Rememorando a Mariano Gómez


Antonio Ortiz-Arce de la Fuente y Enrique Olivas Cabanillas

La monografía de Pedro-Pablo Miralles sobre la relevante figura de Mariano Gómez, Presidente del Tribunal Supremo durante el periodo de la República en guerra (1936-1939), y con anterioridad Presidente de Sala Sexta de Justicia Militar, Catedrático de Derecho Político y Rector de la Universidad de Valencia, es una destacable contribución a la historia del régimen establecido en 1931 con una nueva legalidad y una avanzada Constitución, tras unas elecciones municipales en las que triunfaron ampliamente las candidaturas republicanas en las principales ciudades – en Valencia Mariano Gómez fue elegido Teniente Alcalde-, mientras la Monarquía se hundía con la salida del Rey.

Se puede iniciar esta presentación con el inestimable testimonio de Gabriel Jackson al indicar cómo con motivo de la trágica sublevación de l8 de julio y para encauzar la reacción judicial frentea los acontecimientos de la guerra desencadenada, “el gobierno de la República ejerció cierta influencia restrictiva sobre estos tribunales [tribunales populares] mediante el nombramiento de magistrados moderados y valientes para que los presidieran: hombres como Mariano Gómez en Madrid … no podían contrarrestar el odio de clase ni imponer un procedimiento impecable sobre fiscales y jurados poco entrenados, pero podían impedir flagrantes errores al considerar las pruebas, proteger a los testigos, aumentar la proporción de las sentencias a cárcel y disminuir la proporción de penas de muerte” (p. 258). Las características de moderación y valentía propias del magistrado y profesor, se evidenciaron no sólo con su actuación en los citados tribunales, en el Tribunal Especial de Madrid con motivo de los sucesos de la cárcel Modelo en agosto de aquel trágico año, en su lucha contra la imposición de la pena de muerte, incluso en las circunstancias impuestas de asedio y guerra a la República y al nuevo marco de derechos y libertades establecido en la Constitución, sino también con motivo de sus actuaciones anteriores en la Sala Sexta del Tribunal Supremo. Ese sentido de la Justicia se manifestó igualmente en Mariano Gómez, con motivo del juicio al general Sanjurjo en la citada Sala por el golpe militar del 10 de agosto de 1932 y, después, con ocasión de la revuelta social y política de octubre de 1934 en Asturias, objeto de una despiadada represión por parte de la Legión y de los Regulares de Franco y de Yagüe, con la complacencia de la derecha gobernante por medio de Lerroux y de Gil Robles.

También, se constata en la obra de Pedro-Pablo Miralles, la permanente actividad de Mariano Gómez en favor de la legalidad, de los derechos de la persona y de la política humanitaria, a lo largo de la guerra impuesta, no solo con motivo de los canjes de prisioneros y de libertades conseguidas, sino, además, como miembro del Comité de Ayuda a España desde 1938 hasta después de la guerra, y sobre todo, por su gran alcance y trascendencia, por haber contribuido a conseguir del gobierno francés, a través de su ministro de Gobernación Serraut, la apertura de la frontera que había sido cerrada de nuevo desde el 21 de enero de 1939, con el fin de permitir la salida de centenares de miles de refugiados españoles, mientras en febrero los gobiernos de los denominados Estados democráticos de Francia y Gran Bretaña reconocieron al gobierno de los rebeldes victoriosos. En Madrid, Valencia y Barcelona, Mariano Gómez y su familia padecieron los desalmados bombardeos rebeldes en ciudades abiertas contra la población civil, ensayando así la aviación nazi y fascista las posteriores masacres en la segunda guerra mundial.

En realidad, la República fue sucesivamente afectada por las consecuencias de la crisis económica mundial de 1929, que incidió sobre todo en los países de estructura y producción básicamente agrícola, por las salidas de capitales de los grandes grupos conservadores contrarios a cualquier cambio que perjudicara sus intereses y privilegios, por los asedios desestabilizadores de los regimenes fascista – recuérdese el acuerdo de Mussolini de 1934 con la oposición monárquica y falangista- y nazi –a través de las actividades de la oficina de política exterior del partido nacionalsocialista-, por la indiferencia, si no hostilidad, ya en plena guerra, de los gobiernos francés y británico –con la ficción de la no intervención decidida en agosto de 1936-, y por la pasividad de la propia Sociedad de Naciones, cuyo Consejo no actuó medida alguna de seguridad colectiva cuando ya eran flagrantes las intervenciones totalitarias a favor del bando rebelde, que además utilizaba tropas coloniales en la sublevación. En tales situaciones trágicas, cabe señalar la interesante actuación de Mariano Gómez con su dedicación al respeto y mantenimiento de los valores del derecho internacional, como se evidenció en su participación como delegado de España en la Conferencia de Montreux de 1937, para la abolición del discriminatorio y colonial régimen de capitulaciones en Egipto, una vez que por acuerdo de agosto de 1936 Gran Bretaña había reconocido su independencia y soberanía.

Se daba así una congruencia y sintonía entre, por un lado, la Constitución de la República, a través de relevantes disposiciones de carácter internacional como la de su artículo 6º (“renuncia a la guerra como instrumento de política nacional”), pero también de carácter interno, con relevancia para los derechos y libertades de los españoles y de los extranjeros, como en los artículos 23 y 24 en materia de nacionalidad, o como en sus artículos 25 y 43 sobre no discriminación, que abrirán paso al matrimonio civil, a la filiación en condiciones de igualdad y al divorcio, y, por otro lado, las convicciones y la propia vida de Mariano Gómez. Debido a ese ideario político de respeto humano y de promoción de los derechos y libertades, se comprende que una de las personas más próximas a Mariano Gómez, en sus meses de refugio en París, fuese su buen amigo el pensador cristiano Jacques Maritain, el cual prestó todo su apoyo personal y material en solidaridad con el exilio español.

Al concluir las líneas de homenaje y admiración hacia Mariano Gómez, cuya trayectoria humana, profesional y política resulta tan bien descrita en la obra de Pedro-Pablo Miralles, vienen a nuestra mente dos últimas consideraciones. Una, sobre la honradez y profundidad en las convicciones del autor, al referirse a la propia intervención de su abuelo paterno como magistrado del Tribunal Supremo franquista en las diligencias penales seguidas contra Mariano Gómez, expulsado de modo ignominioso de la Magistratura y de la Universidad españolas, tan afectadas por la represión. Otra, sobre el rechazo frontal a quienes con responsabilidades en el actual Estado de Derecho, han incluido desde la propia presidencia del Congreso de los Diputados, de manera bochornosa y dentro de los “símbolos preconstitucionales”, a los propios de la República, mientras permanecen en tal edificio los retratos de los presidentes de las Cortes franquistas que coadyuvaron a escribir páginas ignominiosas y criminales en la historia española.

Desde el Instituto Complutense de Estudios Jurídicos Críticos, nos ha resultado sumamente honroso y congruente con nuestros planteamientos en investigación y docencia, abrigar la publicación de la obra de Pedro-Pablo Miralles sobre Mariano Gómez, quien a los rasgos de moderación y valentía señalados por Gabriel Jackson al inicio de esta Presentación, supo añadir los de lealtad a la Justicia, a la legalidad y a la República, durante la corta paz siempre amenazada desde 1931, durante la larga guerra financiada y reforzada tanto desde el exterior como desde el interior, y durante la represora posguerra, habiendo fallecido en 1951 en el exilio de Argentina.

En todo caso, se podrá aplicar siempre a Mariano Gómez, la misma visión que tuvo Joan Mirò al incluir en su cartel “Aidez l’Espagne”, pintado para el pabellón español de la Exposición internacional de París de 1937, la frase de “Dans la lutte actuelle, je vois du côté fasciste les forces périmées, de l’autre côté, le peuple dont les inmenses ressources créatrices donneront a l’Espagne un élan qu’étonnera le monde”. Resulta sin embargo triste verificar que continúan existiendo en nuestro país abundantes “forces périmées”.

Antonio Ortiz-Arce de la Fuente es Catedrático de Derecho Internacional Privado y Enrique Olivas Cabanillas es Profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.

viernes, 23 de julio de 2010

Niveladoras y cavadoras

Antonio Miguel Carmona

Este artículo ha sido publicado el 23/7/2010 en www.elplural.com

En la Inglaterra de Cromwell, concretamente en el espacio comprendido entre los años de 1647 a 1650, aparecieron diversos grupos políticos que han venido conformando, por sus hechos y por sus obras, un buen ejemplo de los antecedentes de la izquierda.
Venía discutiendo entre compañeros si el fin último del socialismo es la libertad o lo es la igualdad; si la igualdad es el fin como defienden los partidarios de la III Internacional, o, si es la libertad el objetivo y la igualdad uno de los instrumentos como sostenemos los socialdemócratas.

En el ejército del de Huntingdon, apareció un grupo de soldados rasos que se vinieron en llamar los niveladores (levellers) -es decir, agricultores, pequeños comerciantes, artesanos, trabajadores-, comandados por Richard Overton y por John Liburne, que conformaron el ala izquierda de las milicias revolucionarias.

Los levellers defendían la separación radical de los derechos políticos de los derechos de propiedad. La decisión de los ciudadanos está por encima de su capacidad de renta y su acumulación de riqueza, de sus privilegios y de su situación.

Para los levellers, a diferencia de los whigs o liberales clásicos, el Parlamento y el resto de estructuras reservadas a una minoría no podían estar por encima de la voluntad popular. Ni que decir tiene que, como defendían los tories o conservadores propiamente dichos, mucho menos la Corona podía tener prevalencia sobre las decisiones de los ciudadanos.

Sin embargo, las diferencias económicas impedían que pudiera accederse a la libertad en el sentido que proponían los mismos niveladores. Apareció entonces un grupo más radical, los cavadores o diggers -también llamados los verdaderos niveladores-, comandados por Gerrard Winstanley, que consideraban que no se podía alcanzar la libertad y la autonomía de los ciudadanos si no se liberaba a las masas de la miseria. Fue entonces cuando comenzaron ocupando tierras comunes con el fin de cultivar y generar renta a aquellos que no la tenían. En ese sentido, para los cavadores o diggers, la propiedad privada era el origen de la corrupción y las desigualdades, sustentada como institución en otras como la Iglesia o la Judicatura. Pero, como decía el propio Oliver Cromwell, “nunca se va tan lejos como cuando no se sabe a dónde se va”.

Eduard Bernstein rescató en su Sozialismus und Demokratie in der grossen Englischen Revolution (1895), como ejemplos tan ligeros como relevantes de antecedentes del socialismo, a los movimientos de los levellers y, especialmente, de los diggers. Los socialdemócratas nos situamos, salvando las distancias históricas, entre el radicalismo (verdaderamente) liberal de los niveladores y la utilización de las políticas de igualdad de los cavadores.
Permítanme el juego histórico para poder traerles a colación que en las organizaciones de izquierdas nos encontramos los dos extremos. Aquellos cuyas reformas no se adentran en la raíz del problema sustentada en las diferencias económicas, por un lado, y, en el otro extremo, aquellos que suspenden el fin de la libertad y lo sustituyen por un igualitarismo no instrumental. Entre ambas está la virtud.

El fin último de los socialistas es la libertad del individuo y su participación en la sociedad a partir de la autonomía que le confiere su propia libertad, de tal forma que conviene nivelar las diferencias en el ejercicio de los derechos políticos. A diferencia de los liberales propiamente dichos, sin embargo, existen condiciones sociales adversas y condiciones personales adversas que impiden que gran parte de los hombres y mujeres puedan ejercer la libertad; por este motivo los socialistas creemos al mismo tiempo en cavar la tierra, en llevar a cabo la aplicación de políticas de igualdad que hagan que todos y cada uno de los ciudadanos puedan acceder sin distinción a parecidos grados de libertad. Uno de los errores de una buena parte de los socialistas es no creer en la libertad como fin último, sino en la igualdad por sí misma, no como instrumento para alcanzar más libertad (II Internacional), sino como objetivo final del socialismo (III Internacional).
Los derechos políticos, el ejercicio de la libertad en todos los ámbitos, no puede depender ni de la renta ni de la riqueza, ni del origen ni de la función social, ni del color de la piel ni del lugar donde se viva. En un punto intermedio entre los levellers y los diggers desarrollamos actuaciones que conforman una sociedad más justa en la que el conjunto de los ciudadanos cuenta como la suma autónoma de los individuos ejerciendo propiamente su libertad. Efectivamente, socialismo es libertad.

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE

El insólito legado de Cesáreo del Cerro

Javier Gil


El 5 de diciembre de 1915, moría en Madrid Cesáreo del Cerro, nadie le conocía actividad o acercamiento al movimiento obrero de entonces, nadie en las organizaciones de trabajadores, tenía referencias de él, ni siquiera como simpatizante. Su trabajo de industrial curtidor, y sin duda, su gran capacidad para el ahorro, permite que al momento de su muerte su fortuna alcance la cifra de 999.000 pesetas, un millón de entonces.

La iglesia, normalmente a través de sus distintas órdenes religiosas, si solía recibir legados de personas con dinero o patrimonio, o ambas cosas. Por ello, lo insólito, es que una comisión de la Casa del Pueblo había sido invitada a la lectura de la última voluntad de don Cesáreo del Cerro, fallecido a la edad de 78 años, por la que legaba, a la misma la cantidad de un millón de pesetas. El testamento de industrial-curtidor establecía un legado constituido por seiscientas sesenta y nueve mil pesetas, y la casa del número 20 de calle Carranza de Madrid, valorada en trescientas mil pesetas.

El testador establece como condición el no poder enajenar ni gravar los bienes que constituyen el legado, pudiendo sólo disponer de las rentas que produzcan los mismos, dichas rentas deberán emplearse en la instrucción de los obreros y sus familias. Así como la condición de crear una escuela de primera enseñanza para los hijos de los trabajadores, dándoles igualmente vestido y una comida diaria, a los niños y niñas que asistan.

Encargando a Pablo Iglesias el inspeccionar la administración y el asesoramiento a las sociedades obreras en todo lo necesario. En la Asamblea celebrada en la Casa del Pueblo, el 28 de marzo de 1916, quedaba constituida la Fundación Cesáreo del Cerro, aprobándose sus Estatutos, quedando nombrados para representar a la Asamblea en el Patronato de la Fundación, Julián Besteiro, por la Sociedad de Oficios Varios; Modesto Aragonés, de la de Albañiles y Andrés Ovejero de la de Profesores Racionalistas. Posteriormente, el 16 de abril, se celebra la primera reunión del Patronato, siendo elegidos por unanimidad Julián Besteiro y Miguel Llácer, presidente y secretario respectivamente. Las escuela de párvulos se puso en marcha finalmente en 1928, tras no pocas dificultades, y llegó a ser un ejemplo de la ideas socialistas que sobre la enseñanza tenían entonces.

Bibliografía: La Cultura Socialista en España (1923-1930)
Autor: Francisco de Luis Martín
Ed. Universidad de Salamanca, 1993

jueves, 22 de julio de 2010

De estampitas y otros cuentos chinos

Joaquín Leguina

Cada dos o tres años aparece por aquí algún “salvador” de las pensiones, ora para proponernos milagrosos métodos de capitalización privada, ora para reformar el sistema público. “Tenemos que reformarlo ahora –repiten como papagayos estos últimos- pues en caso contrario el sistema de pensiones se vendrá abajo en poco tiempo”.

No sé si es necesario demostrar que la propuesta de los primeros (aquellos que nos venden un milagroso sistema privado) se parece más al timo de la estampita que a otra cosa, y lo que nos dicen los segundos (los de las reformas en pro de la supervivencia del sistema público) es, simplemente, el cuento de la buena pipa. ¿Por qué hablan de reformas si siempre proponen lo mismo: aumentar el periodo de cotización y reducir las prestaciones?

Que los sistemas privados actualmente vigentes –que han gozado de serias ayudas fiscales y no poca publicidad engañosa- son un timo es fácil de mostrar. En efecto:

a) si quieres cobrar de esos fondos tienes que jubilarte (lo cual va contra los intereses del pagano y también contra los de la Seguridad Social) y

b) una vez jubilado siempre resulta más rentable cobrarlo todo de golpe y devolverle a Hacienda lo que te ha perdonado que cobrar por mensualidades. Lo cual demuestra que cualquier otra inversión, medianamente bien hecha, tiene ventajas sobre ésta.

En efecto, las pensiones privadas son un buen negocio, pero sólo para los bancos, y todo ello sin contar con que algún vaivén bursátil no acabe con buena parte de lo ahorrado.

En cuanto a las pensiones públicas, es bien cierto que la demografía achucha: según el INE, más del 30% de la población habrá cumplido los 65 en el año 2050. Es más, el cociente entre los potencialmente activos y los “jubilables” (personas con 65 años o más) se reducirá a la mitad, pasando de 6 en 2009 a 3,1 en 2049. Esta inexorable situación demográfica pondrá las cosas difíciles al modelo actual de “reparto”, pero la sostenibilidad de las pensiones se puede conseguir también por otras vías, por ejemplo a través de impuestos.

¡¡Impuestos!! Ya he mentado a la bicha.

miércoles, 21 de julio de 2010

Me sabe mal



Noel Leunam

Deambulando por delante del Caserón del Correo de Sol, me viene a la cabeza y “me sabe mal” que se haya quedado sin replica política el arreón que pegó, la semana pasada, el Secretario General de los populares madrileños ante el archivo de la causa por espionaje a sus compañeros de partido Cobo, Prada y Rodríguez.

La reacción de Granados (no el tenor, sino el Consejero de Aguirre) ha sido la típica de aquel que ha visto muy de cerca la posible imputación penal y que sintiéndose salvado por la campana con un “uf, que alivio que casi me atropellan”, recomponiendo el gesto y la figura como si no hubiera pasado nada, la ha emprendido, con brutal inquina, contra las victimas de uno de los hechos más deplorables que pueda haber en una sociedad, cual es entrometerse en la sacra intimidad de las personas (el auto de la juez no ha dicho que no hubiera espionaje) pidiéndoles la inmediata dimisión de sus cargos institucionales por su torpeza al atreverse a denunciar lo acontecido.

Cuan bueno y gratificante para el sistema político hubiera sido que D. Francisco hubiera usado la misma vara de mesura y diligencia con sus otros compañeros de banca parlamentaria que (esos si que lo están) se encuentran imputados formalmente como autores de los delitos que se han descubierto en la trama de corrupción y enriquecimiento conocida como Correa (en tudesco, Gurtel). Bien sabe el Sr. Granados que la fuerte fianza solicitada por el juez señala la mas que presumible certeza de la comisión del delito que se les achaca y que solo se librarán de la pena solicitada (si ha lugar a ello) por los defectos de forma que se puedan encontrar en el desarrollo del proceso al que tienen derecho como ciudadanos.

Echo mucho de menos que hubiera pedido la dimisión de estos tres diputados populares pues su continuación como tales en la Asamblea de Madrid si que es una verdadera macula y un desdoro para la institución madrileña.

Como será de chocante el asunto, que la Presidenta Aguirre con el fino olfato político que la caracteriza, preguntada ayer sobre lo dicho por Granados, se ha desmarcado del mismo manifestando que sus opiniones (las de D.Francisco) son meramente personales: ¿personales? Si salió detrás de un estrado en el que se apreciaba que hablaba en nombre de una organización política….Pero Dª Esperanza le dijo a la prensa “a mi que me registren, que yo ya tengo bastante con lo mío…vayan a ver a D.Francisco y pregúntenle a él”.

Mala suerte para Madrid y sus instituciones. Otra vez será.

martes, 20 de julio de 2010

Clavijo



Noel Leunam

A veces es curioso como la voluntad y determinación en la consecución de objetivos que a la mayoría le parecen inalcanzables coinciden en diferentes personas y distintos momentos de la Historia y así lo vemos cuando describimos el viaje que es objeto de este relato y la tímida andadura que comenzamos en este Blog.

Me quedo sorprendido cuando ayer por televisión escucho ( y luego confirmo en prensa) que la nueva base militar que va a ocupar el ejercito español en su misión en Afganistán, se va a llamar Ruy González de Clavijo. ¿Por qué? Pues porque el próximo viernes 23 de julio van a cumplirse 5 años de que en el mismo día de julio de 2005, tras el acto de entrega de la bandera de España, partió desde el aeródromo de Cuatro Vientos, la avioneta Vulcanair P-68 Observer con la expedición de cuatro aventureros españoles que seguirán los pasos del Embajador de España, seiscientos años después, Ruy González de Clavijo.

Los expedicionarios, Antonio Miguel Carmona, Lorenzo Dávila, Carmelo Encinas y Juan Carlos Muñoz recorrieron un amplio y no fácil trayecto hasta Samarcanda, fin del trayecto de ida, donde se encuentra una villa denominada Madrid, en honor a nuestro Clavijo cuya ciudad natal no es otra que la capital de España : de Madrid a Madrid. Los Expedicionarios siguieron la ruta de Clavijo, con el más absoluto rigor histórico y geográfico, sobre las mismas huellas, idénticos lugares y similar ilusión. La Ruta que Clavijo desarrolló cruzando el Mar Mediterráneo y el Mar Negro, será desarrollada con una avioneta, mientras que a partir de Trebisonda el camino se desarrollará en vehículo motorizado terrestre cruzando Turquía, el Kurdistán, Irán, Turkmenistán y Uzbekistán.

Siguiendo los mismos pasos que el embajador madrileño, volaron de Madrid a Cádiz, la Costa africana, Ibiza, Roma, Nápoles y Rodas. De Rodas sobrevolaron las islas griegas hasta encontrarse con Constantinopla, la ciudad de Estambul, la antigua Bizancio. En Constantinopla fueron recibidos por el Cónsul español, al que hicieron entrega de una bandera de Castilla. Prosiguieron el viaje hasta Trebisonda, donde depositaron una corona de flores en el lugar del fallecimiento de aquellos militares españoles que perecieron en el tristemente recordado accidente del Yak-42. A partir de entonces, cruzaron Erzurum hasta Doguguayacil, frontera con Irán. Ya en Persia, siguieron los pasos de Clavijo a través de Khoy y Tabriz. Más tarde Soltania, hasta llegar a Teherán. Allí serán recibidos por las autoridades iraníes y el Embajador de España en la capital iraní al que también se entregó una bandera de Castilla. Desde Teherán partieron hasta Dagum y Nysapur, adentrándose posteriormente en la frontera del Turkmenistán, cruzando el desierto, pernoctando y alcanzando la frontera uzbeka. Ya en Uzbekistán llegaron a Bujara, siendo recibidos por su Alcalde. La entrada en Samarcanda contó con la recepción también de las autoridades locales, para, posteriormente, encontrarse con las Autoridades uzbekas a las que se hará entrega de la bandera de España.

Una historia olvidada

Contemos sucintamente la historia de Clavijo: El rey Enrique III el Doliente, tercero de los Trastámaras, envió de embajador a la Corte de Tamerlán a Ruy González de Clavijo, junto con otros miembros entre los que se encontraba un fraile, en respuesta a la anterior embajada que había enviado el Emperador de Asia. Enrique pretendía encontrar un aliado que pugnara por establecer una pinza política y militar sobre el turco Bayaceto. Ruy nació en Madrid, en la Plaza de la Paja, y su identidad ha estado en gran parte oculta por la Historia, tantas veces en el olvido de los pueblos condenados a repetirla. Clavijo partió desde Segovia en 1403, llegó a Samarcanda en 1405 y regresó a Alcalá de Henares en 1406. Un recorrido, el de Carmona y compañía, con el que se conmemoraron los seiscientos años; una ruta llena de descubrimientos y encuentros sobre los que escribió su conocido libro Embajada a Tamerlán. La obra es el segundo libro en castellano más traducido y, sin duda, es considerado por los Departamentos de Historia Medieval de las universidades más prestigiosas, el segundo libro de viajes medieval más importante, tras El Libro de las Maravillas de Marco Polo.
En Samarcanda, donde Tamerlán recibió a Clavijo, se encuentra un pueblo denominado Madrid en honor a la villa de nacimiento de este madrileño ilustre. En Samarcanda, fin del trayecto de ida, su principal avenida se llama Ruy González de Clavijo.

La demografía, hermano

Joaquín Leguina

Este artículo se publicó el 22 de junio de 2010, en el blog de Joaquín Leguina www.joaquinleguina.es

Preocupados como andamos todos a causa de la coyuntura económica, la deuda externa, las reformas laborales y otros sustos diarios, podría hoy proponer a los lectores una alegre reflexión sobre la primavera y sus destapes, pero no lo haré. A cambio, plantearé algunas preguntas acerca de nuestro futuro, con un horizonte temporal cuyo final ya no veré, pero mis hijos sí. Me refiero al año 2050, y más concretamente –por razones técnicas con las cuales no les aburriré- ese horizonte se termina el 1 de enero de 2049.
¿Cuántos habitantes tendrá España en esa fecha?
Según las proyecciones realizadas recientemente por el INE, bajo hipótesis muy razonables: leve y persistente subida de la fecundidad, caída de la mortalidad (esperanza de vida al final del periodo de 84,3 años en los varones y 89,9 en las mujeres) y saldo migratorio moderado (90.000 entradas netas anuales), el resultado es el siguiente: en España el 1 de enero de 2049 habrá 47.967.00 habitantes, es decir, en números redondos, 48 millones de personas, de las cuales el 32%, es decir, casi un tercio, habrá cumplido los 65 años. Que un tercio de la población española llegue a ser –según los parámetros hoy en uso- “jubilable” resulta preocupante, pero si calculamos cuántos potencialmente activos (población de 20 a 64 años) habrá por cada “jubilable”, la cosa se complica más. Veámoslo: el 1 de enero de 2009 había 6 potencialmente activos por cada “jubilable”; en 2049 serán 3,1.
Se me podrá decir que si las hipótesis del INE se cambian, también variarán los resultados… y es cierto, pero no tanto. Veamos: supongamos que la fecundidad sube más que lo imaginado por el INE. Concretamente hasta llegar a 2,1 hijos por mujer en 2048. Pues bien, el índice de envejecimiento bajaría del 32 al 30% y el número de “activos” por “jubilable” pasaría de 3,1 a 3,3. ¿Y si multiplicamos por 2 el saldo migratorio? Pues el envejecimiento bajaría al 29% y el número de “activos” por cada “jubilable” subiría a 3,4.
En conclusión: los cambios demográficos son bastante más inexorables de lo que se suele creer y Europa, con España a la cabeza, debería estar ya preparándose para afrontar ese duro reto.

lunes, 19 de julio de 2010

La izquierda del siglo XXI

Ignacio Urquizu


Este artículo fue publicado en el diario EL PAÍS, el pasado 20 de junio de 2010 www.elpais.com

El 7 de junio se cumplió un año de la derrota electoral de la izquierda europea. Desde entonces, ha sido extraña la semana en la que no se ha organizado un seminario o hemos leído un análisis sobre la supuesta crisis de la izquierda. De repente, la combinación de una derrota electoral con una crisis económica global está llevando a mucha gente al pesimismo. Pero lo cierto es que, si nos alejamos de la coyuntura y realizamos un análisis con cierta perspectiva, no estamos tan mal.

Todos los estudios de sociología electoral revelan que la ideología sigue explicando gran parte del comportamiento político de los ciudadanos. Aunque algunos pontificaron hace años el fin de la historia y de las ideologías, las ideas siguen moviendo el mundo. De hecho, la ideología es la forma más coherente de ordenar los proyectos políticos. Nos permite reducir y simplificar el mundo, haciéndolo más comprensible para la mayoría de los ciudadanos.

Esta supuesta crisis de la izquierda tampoco es defendible si atendemos a la presencia de partidos progresistas en el poder. Entre 1945 y 2006, en las principales democracias parlamentarias, solo el 21% de los Gobiernos pueden ser calificados de izquierdas. Además, mientras que en la década de los 40 solo el 17% de estos Gobiernos eran progresistas, en los últimos años, antes de la crisis, esta cifra se ha elevado al 24%. De hecho, nunca la izquierda había gobernado en tantas democracias desarrolladas como en los 80, 90 y principios del siglo XXI.

Finalmente, si nos detenemos en la acción de gobierno, las diferencias entre izquierda y derecha siguen siendo relevantes. Incluso en escenarios tan adversos como la Europa de los 90, donde los Gobiernos estaban limitados por el Tratado de Maastricht y la crisis económica, las diferencias en el gasto público siguieron siendo relevantes. Los partidos progresistas hicieron mayores esfuerzos en inversión de capital fijo y humano que los Gobiernos conservadores. Es decir, las políticas de ajuste son bastante distintas si las lleva a cabo la izquierda que si las implanta la derecha.

Entonces, ¿qué le está pasando a la izquierda? La realidad ha cambiado y eso le va a exigir enfrentarse al futuro con un nuevo relato. Muchos de estos cambios no son propios de un solo país, sino que son compartidos por las democracias desarrolladas. De hecho, en muchas ocasiones, ha sido la acción de Gobiernos de izquierdas la que ha propiciado estas transformaciones. Tres son los retos que tiene en estos momentos la izquierda, especialmente la europea.

El primero de ellos es político. Una izquierda que aspire a defender a los ciudadanos no puede permitir que las democracias sean cada vez menos democráticas. En las últimas décadas, observamos un "progresivo debilitamiento de las instituciones representativas" (Ignacio Sánchez-Cuenca, Más democracia, menos liberalismo, Katz Editores).

Un ejemplo de este retroceso es la creación de instituciones contramayoritarias. Estas se caracterizan por tener un "dudoso" origen democrático, puesto que sus miembros no son elegidos directamente por los ciudadanos. Además, sus integrantes tienen un mandato temporal superior al de los políticos que les eligieron, con el fin de que no respondan a los ciclos políticos. Estas instituciones son muy influyentes en nuestras vidas y deciden cosas tan importantes como la política monetaria en el caso de los bancos centrales, la legalidad en el del Tribunal Supremo o la constitucionalidad de nuestras leyes en el del tribunal correspondiente. La izquierda debería aspirar a limitar el poder de estas instituciones y, en la medida de que fuese posible, reforzar el poder de los Parlamentos.

Pero las instituciones representativas no solo han cedido poder en beneficio de otras menos democráticas. Además, tal y como viene señalando el Informe sobre la Democracia de la Fundación Alternativas, ciudadanos y expertos coinciden en que uno de los principales problemas de nuestra democracia es la enorme interferencia del poder económico sobre el político. Y esto nos conduce al segundo reto: la gestión de la economía.

En el último año, hemos visto cómo los mercados, en muchas ocasiones, pueden ser más poderosos que los ciudadanos. Pero, ¿quiénes son los mercados? La izquierda debe defender una mayor transparencia: poner rostro, nombre y apellidos a los mercados. ¿Quiénes están condicionando con tal virulencia a Gobiernos democráticos?

El objetivo último debería ser realizar un diseño institucional que saque lo mejor de los agentes económicos. Como muy bien ha señalado Félix Ovejero en estas páginas (EL PAÍS, 4-6-2010), no se trata de cambiar el sistema de valores o las bases del comportamiento humano. Deberíamos caminar hacia un modelo de desarrollo económico que no se reduzca a un juego de suma cero, donde lo que unos ganan, los otros lo pierden -por ejemplo, en eso consisten las operaciones financieras en corto y a la baja-. La izquierda debería aspirar a un modelo de desarrollo económico en el que la competición haga más fuerte a todas las partes y, en la medida de lo posible, todos ganen.

Para ello debería diseñarse un sistema de incentivos que penalice los malos comportamientos, por ejemplo con una tasa impositiva sobre movimientos especulativos, y premie los buenos. Además, es necesario controlar a los controladores. ¿Por qué no otorgar calificaciones a las agencias de calificación?

El tercer y último reto se enmarca en la sociedad. Los parámetros sobre los que se construyó el Estado de bienestar han cambiado. Por ejemplo, en España, en 1982, la esperanza de vida era de 73 años. En la actualidad es de 81. Es decir, el sistema de pensiones de principios de los ochenta estaba diseñado para unos jubilados que vivirían de media ocho años más. En cambio, en la actualidad, esta cifra se ha doblado.

Además, el gasto público tiene sus restricciones. Los ingresos no son infinitos y, como se ha señalado, entre los rasgos definitorios de la izquierda está su mayor preocupación por el gasto productivo -capital físico y humano-. Por lo tanto, no puede destinar todo el gasto público a política social.

Por estas dos razones, es necesario redefinir el Estado de bienestar. Se trataría de alcanzar dos objetivos. En primer lugar, primar los componentes redistributivos de la política social frente aquellos que son regresivos. Es decir, no todo gasto social transfiere renta hacia las clases bajas y, en algunas políticas, las clases altas son mucho más beneficiadas -el gasto en educación superior, por ejemplo-.

Un ejemplo de este tipo de medidas lo acabamos de ver en las últimas semanas. Los ajustes anunciados por el Gobierno de Rodríguez Zapatero preservan la parte del gasto más redistributivo. Las pensiones mínimas y no contributivas, que tienen un alto componente igualitario, van a seguir revalorizándose. Es decir, se trataría de hacer un mayor esfuerzo en aquellas partes del gasto que más ayudan a la igualdad social frente a otras que no necesariamente lo logran.

En segundo lugar, es un cambio de filosofía. El futuro Estado de bienestar debería tratar de adelantarse a los problemas sociales y preparar más que reparar. Hasta ahora, el Estado de bienestar trataba de dar solución a problemas ya existentes. El Estado de bienestar del futuro debería anticiparse a estos problemas. Para ello, debería concentrar sus esfuerzos en los tres grupos sociales que están en la base de muchas de las desigualdades existentes: niños, mujeres y ancianos (Gosta Esping-Andersen y Bruno Palier, Los tres grandes resto del Estado del bienestar).

En definitiva, toda la "crisis" de la izquierda se reduce a la necesidad de lograr un nuevo relato que le ayude a enfrentarse a los problemas del siglo XXI. Sin renunciar a sus valores y principios, debe seguir persiguiendo la causa que le mueve. Como ha hecho siempre, cuando la realidad cambia, la izquierda también cambia.

Los inmigrantes

Antonio Miguel Carmona

Este artículo ha sido publicado el 16/7/2010 en www.elplural.com

En aquella obra de Billy Wilder, El Apartamento, esperaba en la calle, lleno de frío, cuando su jefe usaba su residencia para amar a una Shirley Maclaine llena de sueños de la que Lemmon estaba enamorado. De jóvenes soñábamos con un apartamento discreto que nos permitiera independizarnos, bonito y acogedor, que no pareciera un picadero: que fuera el apartamento de un estudiante con el futuro por delante. Aquel apartamento, ¿recuerdan?, que nos vendían por diez millones de pesetas y que vale ahora, ay, cuarenta, aunque, eso sí, ha bajado un poco. La disminución de tipos y la aceleración de nuestra renta disponible multiplicaron las compras y éstas el precio, y el precio la rentabilidad, y la rentabilidad la inversión. Eso cuando éramos estudiantes, pero, ¿se acuerdan cuando nuestros padres eran emigrantes? Atillo al hombro, largas horas en el tren, y la llegada a Munich, o a Zurich, o a París, Berlín, Hamburgo. Allí les esperaba un pequeño estudio, aquel chamizo o cuartito, donde tan solo cabía una cama y dormían tras largas horas de trabajo de emigrante sufrido e industrializado. A veces en el ladrillo, a veces en la fábrica, siempre les esperaba un cuartucho, con una bombilla y cinco o seis compatriotas más. Cuando traían la familia a Alemania lograban con sus ahorros tener más camas, más espacio, una casa, un colegio. Años después, España se convirtió en un país que recibía inmigrantes: del Ecuador, del Perú, de Rumanía o de Camerún. Enriquecieron nuestro PIB, nuestro crecimiento; ocuparon los puestos de trabajo que nosotros vinimos abandonando: el vareo de olivas, el trabajo en casa, las largas jornadas en el tajo de la obra. Hicieron, hicimos, que nuestro país creciera. Y a cambio, apenas les dimos una escuela menos hacinada, un lugar donde integrarse o la oportunidad de una vivienda digna. Por lo que cuestan varios metros cuadrados en Madrid, puede uno comprarse una casa en Bucarest. Así, con su esfuerzo mancomunado nuestros inmigrantes accedieron a la vivienda uniendo sus trabajo, viviendo a veces varias familias en una misma casa, pidiendo uno tras otro créditos que les hipotecan pero que les promete un futuro europeo más esperanzador. El encarecimiento de la vivienda ha hecho ricos a muchos españoles; el efecto riqueza ha sido espectacular hasta que the party is over. Pero el incremento del precio ha hipotecado de por vida a jóvenes, inmigrantes y rentas menos favorecidas. Ahora, algunos, piensan que ya no les necesitamos. Que la demanda de trabajo es insuficiente para ocupar a aquellos que vinieron de lejos e hicieron este país próspero. Son muchos los inmigrantes que ahora, como otros tantos españoles de origen, lo están pasando mal. En ese sentido todos son clase trabajadora, unos pasando frío como Lemmon en la calle bajo su ventana, otros, como Shirley Maclaine llenando de sueños el futuro.

Antonio Miguel Carmona es profesor de Economía y secretario de Economía del PSM-PSOE

viernes, 16 de julio de 2010

El 'negrito de la lejía'






Javier Gil

La tienda de ultramarinos de mis padres, era la parte delantera de la vivienda, que compartía con cuatro hermanos más pequeños, y ellos, hasta el año 1960, y, además, el escape para coger caramelos, chocolatinas, alguna que otra, pepsi-cola.....etc,. A mí como hijo mayor, también me era útil para escuchar conversaciones de los mayores, como se decía entonces, y que de otro modo, nunca hubiera escuchado.

Corría los años 56, 57, 58, y con ocho años, obviamente me enteraba de todo, el mal llamado 'fiao', como vulgarmente se decía, comprar a crédito, era lo común. El hombre cobraba por semanas, y tras el cobro, la mujer liquidaba en la tienda. Una familia, con varios hijos, que vivían en la zona que hoy ocupa Pinar de Chamartín, barrio donde la mayoría de sus habitantes, se dedicaban a la llamada 'busca', que no era sino la recogida nocturna de basura en los barrios de Salamanca y Argüelles, pues entonces el servicio no estaba municipalizado. Tenían un hijo, el mayor de varios, un niño muy guapo y muy moreno, al que mi familia bautizamos, de manera unánime: como el 'negrito de la lejía', dado su gran parecido con el niño negro que mostraba la etiqueta de una lejía de entonces, llamada; "Lejía el Negrito".

El padre, joven y con fortaleza física, semanalmente le comentaba a mi padre: "a mi mujer lo que necesite, ya sabes, a ver si esta semana se me da bien el Metro, y te pago". Cualquiera, y yo mismo, podía pensar en un trabajador de la entonces llamada Cía Metropolitana de Madrid. Pero no, pues dicho comentario, siempre lo acompañaba con el gesto típico del descuidero o carterista, que cada vez menos atónito yo observaba, medio escondido y sin llamar la atención.

Desconozco, cómo y por qué medios, consiguieron emigrar al sur de Francia, y durante dos años, coincidiendo con Navidad, recibían mis padres una tarjeta postal de felicitación, de la familia del 'negrito de la lejía'.El tercer año, recuerdo como aparecieron en la tienda, en un Tiburón Citroën, de muy buen uso, vinieron a saludarnos y a felicitarnos, la Navidad personalmente, mis padres encantados de verles de nuevo, lo festejaron ampliamente. A la pregunta de mi padre, habrás dejado el 'tema', el padre del 'negrito de la lejía', contestó, sin dudarlo: "mira Florencio, tenemos trabajo, mi mujer y yo, mis hijos colegio gratis, hospitales, en fin, dinero para vivir, para que necesito complicarme la vida".

miércoles, 14 de julio de 2010

Un lugar de encuentro para la convivencia

Javier Gil


Yo quiero hoy empezar manifestando mi opinión, sobre una cuestión de 'rabiosa actualidad', que podríamos llamar, la tácita aceptación. Lo digo porque, si hacerlo de forma expresa; con absoluta naturalidad, la mayor parte de la sociedad, ha aceptado e incluso a mostrado sus simpatías, al recorte salarial, llevado a cabo a los empleados públicos y funcionarios. Sin entrar a valorar si el número de empleados públicos de nuestro país, es más, o es menos, que en el resto de los países de nuestro entorno, y podríamos llevarnos sorpresas. Si es cierto, en mi opinión, que existe una especie de antipatía a este colectivo de trabajadores, tan necesarios como los de otros tantos sectores, y tan buenos o menos buenos, como en los mismos.

El Estado, el nuestro, o el de cualquier otro país, es necesario, su tamaño, como ya he dicho, podría ser objeto de debate, pero al ser necesario, como digo, conlleva obligatoriamente personal a su cargo que desarrolle las tareas, que son muchas, diversas, y la mayoría insustituibles, y decisivas. ¿Podemos prescindir?, de un día para otro, de: médicos, maestros, profesores universitarios, jueces, fiscales, policías, bomberos,...........etc. En tanto ésto sea así, los que llevan a cabo su trabajo en el sector público, deben ser respetados, y aceptados como lo que son 'servidores públicos', eso sí, con buenos salarios, pues el tan utilizado mito de la fijeza en el empleo, no justifica todo, pues todos sabemos, que: ' no sólo de pan vive el hombre'.